Diagnosticado de cáncer, temió la muerte, lloró, sufrió, la peleó, y la vida le regaló una hija: el conmovedor relato de Marcelo Tabárez
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Foto: Danubio oficial |
Cáncer. La palabra tan temida. Pensó en la muerte. Se
desahogó con su padre en el auto. Se abrazaron y lloraron. Pidió ser operado rápidamente.
Lo intervinieron e inició la quimioterapia. Tiempos duros. Náuseas y vómitos.
Picos altos y bajos. La guerra mundial dentro de su cuerpo. Rezó sin saber
rezar. Se aferró a su familia y su lema: “Me verán volver”.
Marcelo Tabárez es dueño de una historia conmovedora y
de su caso se rescata un claro mensaje: todo está permitido, menos dejar de
luchar.
Corría el año 2015 cuando todo se precipitó. Un control
antidopaje tras un partido de Copa Libertadores con Danubio y la aparición de
una hormona con niveles muy altos en su cuerpo.
Marcelo reveló a Que
la cuenten como quieran que desde hacía un tiempo estaba con un testículo
inflamado, pero le restó importancia al tema.
“Habré estado un mes con la inflamación. No lo comenté
nunca en casa, se lo dije a mi novia pero no le había dicho que tenía
inflamado, le dije de un granito en el testículo y no le dimos importancia. Si
pudiera volver el tiempo atrás me haría un estudio antes…”, admitió hoy, con el
paso del tiempo y la experiencia vivida.
Un jueves de abril del referido año la Conmebol
comunicó a Danubio la noticia. Enterado del tema, lo primero que hizo Tabárez
fue navegar en internet para saber qué tenía. “Yo me di cuenta que tenía
cáncer”, admitió.
Llorar con sus padres
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Foto Twitter Marcelo Tabárez |
Al día siguiente Marcelo salió a hacer un mandado.
Llegaron al súper y su novia bajó a comprar lo que necesitaban. Marcelo quedó
en el auto con su padre. Cuando quedaron solos. Se desahogo. Se largó a llorar
y comunicó la noticia: “Viejo, tengo cáncer”. Su padre no entendía nada. “¿Cómo
qué tenés cáncer?”, atinó a decir Alejandro, su papá.
Se abrazaron y lloraron. Fue un desahogo mutuo. Pero
aún quedaba otra dura tarea. Avisarle a su mamá Alejandra. “Llegamos a casa, y
ahí estaba mi madre… Lloramos todos. Debe haber sido un momento de mierda
enterarse que tenés un hijo de 22 años con cáncer. Un hijo que siempre fue sano,
que de un día para el otro tenga un tumor testicular, que es una enfermedad que
te puede matar, no fue sencillo para ellos. Pero jamás flaquearon”, reconoció
Marcelo.
A pesar del mal momento, Marcelo Tabárez sabía que al
día siguiente jugaba contra Peñarol en el Centenario. “No puse el futbol por
delante de la enfermedad, pero como sabía que no iba a tener una solución
inmediata, pensé como el documental de Michael Jordan, en un último baile”.
Un partido de sensaciones extrañas
Aquel partido no fue sencillo para Marcelo ni para el
cuerpo técnico.
“El viernes lo llamé a Leo Ramos y al médico de
Danubio y les comenté que tenía un tumor. Fue jodido para ellos. Leo me
preguntó si estaba para jugar. Y sí, yo quería jugar”, admitió el delantero.
La noche previa al partido fue compleja para Tabárez.
Llegó al Centenario con un dolor abdominal insoportable. “Entramos al vestuario
y me acosté en un banco porque no podía estar parado y estaba la duda si podía
jugar. En el calentamiento se me pasó”, reconoció.
Tabárez salió a la cancha y a los 9 minutos, penal
para Danubio. Leo Ramos saltó del banco. “¡Qué le pegue Marcelo!”.
El técnico sabía que el lunes el chico visitaría al
médico. La pelota terminó en la red. Danubio ganó aquel partido 3 a 2. Dos días
después, junto a su padre y Germán
Domínguez, que trabajaba para su representante de entonces, Pablo Bentancur, se
presentaron en La Española.
A las 7 de la mañana fue al urólogo. Le tomaron sangre
y de ahí a realizarse otro estudio. El resultado confirmó la noticia tan
temida: tenía un tumor que había que extirpar. Marcelo le dijo al médico que lo
operara ese mismo día. A las 11 de la noche lo intervinieron.
La guerra mundial
“Me operan el 13 de abril y el 26 arranco la
quimioterapia. Es dura, es molesta, te están metiendo un veneno adentro de tu
cuerpo que te está matando por dentro”, reconoció con valentía Marcelo Tabárez para
introducirnos en la que denominó “la guerra mundial”.
“Al inició eran cinco días seguidos de pinchazo y me
pasaban el veneno. No tuve problemas porque estaba fuerte. Eran dos o tres
horas de terapia. La segunda etapa era un día solo y era el más agresivo de
medicación. Y volvía al otro lunes 10 o 15 minutos más y a la cuarta semana de
cada mes descanso y visita al oncólogo”, rememoró Tabárez.
El jugador dice no olvidar que los dos primeros meses
las sesiones las realizó sentado en un sillón pero los últimos dos el panorama
cambió.
Debió acostarse en una camilla. “El cuerpo venía
baqueteado, sentía otra molestia y me acostaban en una camilla por los vómitos
y las nauseas. Es que mientras te lo pasan te genera cosas. Es que es una
guerra mundial adentro de tu cuerpo”, narró con realismo.
El delantero, que hoy defiende a Villa Teresa, reconoció
que los últimos dos meses fueron duros. Sintió el tratamiento. Había días en
los que tenía menos fuerza. Pero ahí estuvieron los suyos. Al firme. Papá
Alejandro y mamá Alejandra, su hermano Matías, su señora Yesica además de
compañeros, amigos, el club e hinchas de Danubio.
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El plantel enteró se rapó. Foto: Danubio |
Por ese tiempo, el plantel entero de la franja decidió
raparse el pelo. Todos los jugadores. Incluso el cuerpo técnico. Una señal de
apoyo a Tabárez.
Temor a la muerte
Durante el tratamiento, Marcelo reconoció haber temido
a la muerte. “Sí claro. Ese momento de mi vida coincidió con el nacimiento
de un primito que tenía fecha para julio. Recuerdo que cuando me operaron se me
cruzó por la cabeza, y si viene este y me tengo que ir yo… Me lo pregunté sí”,
admitió.
Durante un mes recurrió a la ayuda de una profesional.
Fue a una psicóloga. Dice que fue para tener otro punto de vista y hablar con
alguien fuera de su entorno. “En su momento me ayudó. Deje de ir por dos
razones: una fue por lo económico, ya que tenía que pagar, y otra porque estaba
fuerte de cabeza para salir”.
El futbolista reveló que no sabe rezar pero que en
momentos como los que le tocó vivir se aferró a todo.
Tenía muchas cadenitas de gente que se las regaló. “Yo
no sé rezar pero el de arriba me puso en la situación y me dio la oportunidad
de meterme en un control antidoping que me salvó la vida. Mi gente no es
religiosa pero siempre tratan de ir a San Expedito y San Cono. En ese momento
pedís ayuda”.
Durante el tratamiento, se cuidó siempre en las
comidas. No tomaba gaseosas y jamás comió verduras crudas. Contó que, recién
cuando estuvo un poco mejor, su única salida era los jueves. Después de visitar
al oncólogo iba al McDonald’s donde, como premio, se comía una hamburguesita.
Me verán volver…
A lo largo de los cuatro meses de tratamiento los
padres de Marcelo estuvieron siempre. Para que tengan una idea: pidieron
licencia en el trabajo para acompañar a su hijo en todo momento. “Me pongo en
lugar de mi madre y debe haber sido muy fuerte para ella, pero mis padres siempre
estuvieron al firme y eso fue fundamental. Salir adelante también fue un premio
para ellos porque hicieron todo lo que pudieron hacer”, admitió el delantero.
El esfuerzo fue titánico. Marcelo estuvo cuatro meses
sin salir de su casa. No se quería engripar porque tenía como meta volver a
jugar el último partido del campeonato en diciembre.
Pero el regreso fue antes. El 25 de noviembre de 2015
se encontraba en el vestuario de Jardines con la camiseta de la franja puesta.
El capitán de la Tercera división de Danubio tomó la palabra antes de salir a
jugar contra Nacional. Marcelo agachó la cabeza, se tomó los ojos y empezó a
llorar, como quedó reflejado en una foto de la web del club que tiene un enorme
valor. El resultado, el gol, el partido, todo fue anecdótico.
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Una foto que lo dice todo. El regreso de Marcelo. (Danubio oficial) |
El 5 de diciembre regresó a las canchas en Primera
jugando contra Plaza Colonia en Jardines. La gente lo aplaudió de pie.
Su historia parecía digna de un guión como se lo dijo
el danubiano Felipe Cotelo. “Arranco de titular en Danubio, era importante, tres
goles en seis partidos. Y un día me levanto y me dicen del doping. Al otro día
me doy cuenta que era cáncer. Con 22 años, cuando tenés un pensamiento para tu
vida, todo se te viene abajo. Terminé en agosto la quimio y volví en diciembre.
Era una utopía. Vuelvo en diciembre cuando nadie se esperaba que en menos de 4
meses lo hiciera. Y ese día, a dos minutos del final, hay un penal y el Flaco
Olivera me lo deja y hago el gol. Fue increíble”, recordó Tabárez.
En diciembre de 2017 el club de su vida, Danubio,
decidió no renovarle contrato. Por su cabeza debe haber recordado una carta de
su mamá. Sencilla, simple: “Tu mayor desafío. Tu esfuerzo. Tu magia. Tu
debilidad. Tu trabajo. Tu disfrute. Tu lugar… Danubio!”.
Se despidió agradeciendo. Y con un mensaje de grandeza
increíble: “Muchas cosas se me cruzaron por la cabeza, un poco de tristeza, un
poco de nostalgia, pero mientras le haga bien al club hay que aceptarlo”.
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Foto Twitter Marcelo Tabárez |
Durante los últimos años Marcelo convivió con un solo
temor. Íntimo. Que jamás reveló. Temía no poder tener hijos. Para saberlo, se
tenía que realizar un estudio. Sacó fecha, pagó mil pesos para hacérselo. Nunca
fue. No se animó. Con 24 años no quería recibir la noticia de que no podía ser
padre. Una tarde, concentrado con Joaquín Boghossian en Plaza Colonia, recibió un
llamado telefónico. Se le movió el piso. Su señora estaba embarazada. El 20 de
diciembre de 2019 nació Emilia.
Ante la adversidad, los imposibles son posibles, las esperanzas son resultado de la fortaleza individual, pero el apoyo de la familia y la motivación del deporte amado se llevan todo por delante.
ResponderEliminarUn ejemplo de vida.
Salú 🍻
Una historia conmovedora y ejemplarizante,digna de admiración, comparable con las grandes gestas del Fútbol uruguayo y la odisea de Los Andes, un GANADOR como todos ellos.... Qué orgullo
ResponderEliminarLa medicina puede ser una solución a una enfermedad grave, mortal, pero sin la actitud y las ganas de vivir del paciente es mucho más difícil. Una historia de ejemplo, de lucha y de amar la vida.
ResponderEliminarMuy buena y emotiva historia. El hijo de la esposa de mi padre está pasando por lo mismo. Ya se la mando a la mamá.
ResponderEliminarMuchas gracias por compartirla.
Lo co noción personalmente en en ese momento duro. Mi esposo se atendía con el mismo oncologo y casualmente hacían el tratamiento los mismos días. Nunca me atreví a hablar con el que lo conocí enseguida por ser hincha de su cuadro. También conocí a su familia que siempre estaban ahí apoyándolo y acompañándolo. Mucha alegría me dio su recuperación igual que la de mi esposo que su diagnóstico fue terrible y se recuperó y hace 10 años quedó atrás esos días de angustIA por un tratamiento duro. Hoy los dos recuperados por su fortaleza y un médico impecable como el Dr Gallego todo eso quedó atrás. Felicidades Marcelo y flia !!!!
ResponderEliminarDr. Gallero quise escribir.
EliminarDr.Gallero quise decir.
ResponderEliminarDr. Gallego quise decir
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