Tildado de enfermo, egoísta, loco y vivo: Fefo Ruiz, la máquina del gol que en un básquetbol sin triples marcó 84 puntos en un partido
“No
te asustes. Nos vamos al fin del mundo”, le dijo la señora que lo recibió como
becario allá por el año 1981. Ni se inmutó. La ilusión podía más. El pueblo
estaba en medio de la nada, enclavado entre las montañas. Bluefield, West
Virginia, el estado montañoso de los Estados Unidos. Hasta allí llegó Wilfredo
Fefo Ruiz. Tenía una misión: jugar y adquirir forma para el campeonato
Sudamericano de selecciones de ese año.
Pero
se desmoralizó. El equipo no tenía el potencial que esperaba.
Se
quería volver. El entrenador intentaba por todos los medios convencerlo para
que se quedara. Al final, Fefo le encontró la vuelta. Decidió ir a entrenar
todas las mañanas, fuera de horario, para perfeccionarse. Y empezó a tirar. De
un lado, del otro. La rutina consistía en lanzar 300 tiros al aro.
Con
el paso de los días, a Fefo le empezó a llamar la atención la presencia de un
hombre que entraba al gimnasio y se quedaba en una esquina mirando. Nunca le
dijo nada, simplemente miraba lo que hacía el jugador uruguayo y se retiraba.
Hasta
que un buen día el hombre se le arrimó y se presentó. “Un gusto, soy Robert
Benincasa. Yo no puedo creer que vos emboques tanto. Mirá, si me permitís yo
tengo algo para vos que te puede perfeccionar”, le dijo a Fefo. Y enseguida le
preguntó: “¿Mañana te lo puedo traer?”. Ruiz respondió afirmativamente. Al otro
día, el jugador concurrió al gimnasio invadido por la curiosidad de saber qué
era lo que tenía aquel hombre para ayudarlo a perfeccionarse.
Robert
apareció con una vincha con una mano adelante. A Fefo le llamó la atención. “Ponétela.
A vos nunca más te van a dejar tirar solo”, le dijo el hombre. Nacía el
tirador.
Wilfredo
Ruiz le contó a Mario Bardanca, en el programa La Caja Negra de TV Ciudad, que
no fue lo único que Robert le llevó.
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Foto: La Deportiva |
A
los pocos días se apareció con dos cilindros del tamaño de unas botellas y le
pidió que se parara arriba de ellos para tirar. “Jamás vas a tirar en
equilibrio. Te van a tratar de desequilibrar”, acotó cuando se los entregó. “Se
podrán imaginar que no me podía parar y tirando no llegaba al aro. Pero el
hombre me decía ya vas a llegar. Y tenía razón, yo nunca tiraba con equilibrio
y me adapté a lo que aprendí en ese pueblito. Estoy hablando del año 81, para
que tengan idea”.
A
partir de ahí, el goleador nunca dejó esa vincha con la mano adelante. Cuando
volvió a Uruguay se la trajo. Y por curioso que resulte, Fefo tiraba mejor
marcado que solo. Había equipos que preferían no marcarlo, sino tomarlo como
referencia porque sabían que al goleador eso lo perturbaba.
Fefo
contó que Robert Benincasa llegó a venir a Montevideo y no podía creer que
metiera 60 puntos por partido. “El hombre me decía, te tenés que poner vaselina
en los brazos y en las piernas para que no te puedan agarrar. Así fue como nació
el tirador”.
Moglia, Russi, los maestros
Fefo
había tenido grandes maestros en las formativas de Welcome. Cuando tenía 15
años se encontró con Oscar Moglia que le dijo que debía modificar su juego. Le
hizo ver que con su altura no podía limitarse solo a penetrar y atacar el aro,
sino que tenía que empezar a tirar.
La
mejor forma que encontró Moglia de obligar a Fefo a tirar fue anulándole los
tantos en los entrenamientos. Si anotaba penetrando al aro, el doble no valía.
No
fue lo único, empezó a exigirle que no se retirara de la práctica sin embocar
100 tiros y luego le agregó determinada cantidad de libres seguidos. Con el
tiempo, Fefo entendió y se lo puso como exigencia. Si no embocaba 300 tiros no
se iba.
Otro
entrenador que marcó a Wilfredo en su etapa de aprendizaje fue Ricardo Russi. “El
Gordo era un crac, se sentaba en la mesa a controlarme y me decía: ‘Bueno,
vamos arriba. 10 tiros seguidos. A ver cuánto tiempo ponés’. Y era para acá y
para allá. Llegué a tener un récord en 33 segundos. Sin que nadie me alcanzara
la pelota. Solo. Fue un maestro”, expresó Fefo.
El hombre de las marcas
En
1983 el goleador estalló en toda su dimensión. El lunes 7 de noviembre su
equipo, Neptuno, enfrentaba al campeón vigente, Bohemios. Era un duelo
esperado. Estarían frente a frente Horacio Tato López y Wilfredo Fefo Ruiz.
Antes
del partido se supo que Fluminense de Brasil había enviado a dirigentes para
ver a Ruiz en acción y hablaron con el presidente de Neptuno, Alfonso Di
Landro.
El
encuentro se puso en marcha y Fefo fue ingobernable. Anotó 70 puntos. Batió la
marca de Oscar Moglia que un 23 de diciembre de 1957 había marcado 68.
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Detalles de la noche que anotó 70 puntos |
El
partido terminó 117 a 111 a favor del equipo del tridente. Neptuno jugó con
Ruiz, 70 puntos; Sánchez, 4; Perdomo, 26; Grajales, 12; Silvera, 0; García, 0;
Martínez 2 y Gómez 3. Bohemios lo hizo con Horacio López, 40; Julio Pereira, 8;
Mazzali, 4; Pagani, 34; Ferreyra, 18; Borroni, 2; Gutiérrez, 4; Pignataro, 1 y
Wasz, 0.
Dos
días después esperaba Hebraica. Y Fefo volvió a ser una bestia. Aquella noche
anotó 72 puntos batiendo su propia marca. Curiosamente, la inusual cifra
alcanzada pasó como desapercibida.
Neptuno
volvía a jugar el sábado. Esta vez en su cancha ante Colón. De tarde Fefo fue
con su padre a ver a Central Español, club del que eran seguidores. Sentado en
la tribuna, el jugador le pidió a su viejo si lo acompañaba al partido de la
noche porque su novia no tenía con quién quedarse en la cancha. El papá de Fefo
jamás iba a otra cancha que no fuera la de Welcome. Pero aceptó la invitación.
A
poco de salir a calentar, el jugador bajó al vestuario a cambiarse. Entró y le
dijo a su compañero de mil batallas, Horario Perdomo: “Gato, está mi padre en
la tribuna. Hoy hago 10 o meto 100, pero algo va a pasar”.
Se
inició el juego y no embocó las primeras seis pelotas que tiró. Pero lentamente
la racha comenzó a cambiar de tal forma que no paró de sumar puntos.
En
determinado momento se le arrimó Dardo Orlando, un hombre que seguía su
carrera, para avisarle que llevaba más de 70 puntos y quedaban tres minutos
para el final del juego.
Fefo
se acercó a Perdomo y por lo bajo le dijo: “Gato, sabés que llevo 72 puntos. Me
voy a quedar medio por acá...”, dándole a entender que se la diera. Y así
empezó el tema. Cada pelota que tomaban los jugadores de Neptuno iba a las
manos de Wilfredo Ruiz que terminó con 84 puntos. Marca histórica. Inigualable.
Con un detalle: en aquellos años no había tiros de tres puntos en el
básquetbol.
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Fefo anotó más puntos que su rival |
Lo
increíble del caso es que aquella noche en la cancha de Neptuno, donde se
vendieron 83 entradas y se recaudaron N$ 1.020, Fefo anotó más puntos que todo
el equipo rival. Neptuno le ganó a Colón 123 a 78.
Neptuno:
Ruiz, 84; Sánchez, 5; Perdomo, 8; Grajales, 12; Silvera, 10; García, 4 y
Martínez, 0.
Colón:
Molinelli, 12; Barizo, 12; Canciani, 10; González, 24; Haller, 20; Graña, 0 y
Alario, 0.
El viejo, el cable a tierra
Terminado
aquel histórico partido, luego de las notas para las radios y la locura que
generó su actuación, Fefo fue al encuentro de su familia. Saludó a su novia y
le dio un beso a su padre que lo miró y le dijo: “Loco, si estará mal el
básquetbol... ¿Cuántos puntos fue qué hiciste? ¿Ochenta? Y todo lo que
erraste...”.
Fefo
contó que su padre era el más crítico de su juego. Rememoró que otra vez, en
Argentina, lo invitaron a ver una final en Bahía Blanca donde su hijo era
idolatrado. Terminó el partido y al uruguayo lo sacaron en andas de la cancha.
Hasta que llegó su padre y le dijo: “¿Qué hacés ahí arriba? Bajate que estás haciendo
el ridículo”. “Había hecho 60 puntos en un clásico, era Gardel, y el viejo me
ubicaba”, contó el goleador.
Cada
vez que Fefo sentía que había tenido una noche memorable, su papá, lejos de
alabarlo, le decía las cosas que había hecho mal: “Seleccionaste mal el tiro,
no amagaste, no defendiste”.
El
goleador convivió con el ojo crítico de su padre desde chico. “El mayor
recuerdo que tengo de formativas fue un partido que llevaba como 100 puntos,
faltaban dos minutos y Carlos Blixen, que dirigía a Welcome en Juveniles, me
sacó de la cancha. Quedé sorprendido, le pedí explicaciones y me contestó: ‘La
orden la dio tu padre’. Miro a la tribuna y el gesto de mi viejo fue claro, que
me callara y me quedara en el banco”, dijo el goleador en la nota.
Fefo
admitió que antes de morir, su padre le expresó: ‘Mirá que yo te daba para que
no te la creyeras nunca’. Ahí estaba el mensaje. Y era verdad, porque la
euforia conmigo era muy grande”.
El ídolo en Argentina
La
carrera de Ruiz está marcada por un hecho poco común para un jugador uruguayo.
Triunfar y ser ídolo en la ciudad argentina con más pasión por el básquetbol:
Bahía Blanca.
Wilfredo
Ruiz marcó la cancha desde su llegada jugando con championes prestados que le
quedaban chicos.
La
historia tiene sus particularidades. Fefo estaba de vacaciones cuando lo llamó
su padre. “Escuchá, vino un señor de Bahía Blanca a buscarte que te necesitan
para jugar por tres meses”. El goleador tenía todo planificado y acordado para
irse a jugar a México. Pese a ello, su padre le pasó el nombre de la persona
que lo había venido a buscar. Era ni más ni menos que Alberto Pedro Cabrera,
Mandrake, un ídolo del básquetbol argentino.
A
las pocas horas hablaron por teléfono y Mandrake, que era gerente deportivo de
Estudiantes de Bahía Blanca, le trasladó al jugador una oferta para jugar tres
meses en el club. La cuestión es que, en caso de aceptar, debía viajar de
inmediato porque cerraba el período de pases en el mercado argentino. Fefo
salió volando, como estaba vestido, rumbo al aeropuerto.
Pidió
pase de remera y bermuda. Ahí mismo, Rubén Rábano, presidente de la Federación,
le pidió si se animaba a jugar esa noche un amistoso que había entre Bahía
Blanca y la Selección de Cuba.
Fefo
lo miró y le dijo: “Mirá cómo estoy. Vine con lo puesto. No traje nada”. Pero
el hombre insistió y Mandrake le preguntó al uruguayo cuánto calzaba para
prestarle sus championes.
Se
lo llevaron volando. Fefo llegó a la cancha y, obviamente, no conocía a nadie.
Lo hicieron pasar el vestuario, le prestaron vendas, championes y le dieron la
ropa. El estadio explotaba de gente. Antes de empezar el partido se le arrimó
un periodista que le preguntó cómo iba a andar esa noche. Fefo sonrió y
respondió que las botas de básquetbol no eran las suya pero que, salvo que
anduviera mal, marcaría 40 puntos. “¡Anoté 44! Y ahí tuve la suerte de entrar
por la puerta grande”, contó Ruiz en La Caja Negra.
Fefo
fue tres veces goleador de la Liga Argentina en 1985, 1986 y 1987. Algunos de
sus récords siguen vigentes. Para que tengan una idea de la magnitud de sus
números, el diario La Nueva reveló que Fefo llegó a anotarle 55 puntos al
clásico rival, Olimpo. Fue la noche del 3 de setiembre de 1987.
Su
debut como jugador de Estudiantes se produjo el 28 de abril de 1985, contra
Asociación Española. Esa temporada promedió 33,2 por juego. En la siguiente
32,3 y en la tercera 30,3. Descomunal. Juan Espil, un consagrado jugador argentino,
definió a Fefo como “un goleador bestial al que iba a verlo jugar”.
Ruiz
contó que en su pasaje por Argentina conoció a un niño que con el tiempo se
convirtió en Manu Ginóbili. “Emanuel me alcanzaba la pelota en los
entrenamientos. Yo tenía un gran amigo como Nico Noceda que jugaba en Bahiense
del Norte, que era el equipo de donde eran los Ginóbili. Eran chiquititos. Eran
niños. Y andaban revoloteando ahí”.
El
29 de julio de 2010, Ruiz y Ginóbili jugaron juntos en el marco de la Fiesta
Nacional del Básquetbol en Bahía Blanca. Fefo marcó tres puntos y Manu 21.
El
nombre de Wilfredo Ruiz quedó grabado a fuego en la llamada capital del
básquetbol argentino a pesar de haber jugado en Estudiantes y luego en su
eterno rival Olimpo, algo así como en Uruguay pedir pase de Nacional para
Peñarol.
Pese
a ello, Fefo no olvida su regreso a Bahía Blanca en 1999 para el Sudamericano
de Selecciones. Habían pasado nueve años de su partida. El goleador intentó
pasar desapercibido. Le pidió a un amigo que sacara las entradas para ver el
clásico entre Uruguay y Argentina y se ubicó en la tribuna medio tapado con una
campera. Pero alguien lo reconoció. El dato llegó a la cabina de audio del
estadio.
Los
equipos ya habían sido presentados cuando el anunciador dio aviso de la
presencia de Fefo Ruiz. La gente rompió en un aplauso.
Para
tener clara la dimensión de Wilfredo Ruiz basta con leer lo que dijo el
reconocido técnico argentino, Oscar Huevo Sánchez, en una nota en su página web.
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Oscar Sánchez. Foto: Huevosanchez.com.ar |
“En
la primera liga que dirijo en 1985, en Estudiantes de Bahía contratamos a Fefo
Ruíz. Cuando llegó hizo tres cosas muy importantes: se hizo amigo del mejor
periodista radial que había en ese momento, se hizo amigo del tesorero que era
el que le pagaba, y pidió dormir con el base. Entonces, el primer partido de
los 70 y pico que hizo el equipo, él anotó 58 puntos. Me faltaba un americano
más y Beto Cabrera que era el mánager del equipo me dice: “Huevo, necesitamos
un pivote”. En ese momento Sergio Pettorosso era muy joven, Claudio Severini
también, Jorge Faggiano jugaba de alero. Y le dije: “¿Para qué queremos un
pivote... para que lo salude?”. Fefo tenía un balde puesto, el mejor tirador
que yo dirigí en mi vida. Por eso le dije a Cabrera: “Vamos a traer un base que
yo le pueda chiflar y que juegue para el otro lado”. Y traje a Willie Scott de
1,78 metros. Cuando a Fefo se le salía la cadena, Willie jugaba para otro lado
o para él mismo. Fefo era un grande, sin dudas. Enfermo, egoísta, loco y vivo.
Un día, en un minuto de tiempo casi lo mato a trompadas, tenía ganas, lo
reconozco, pero bueno le apreté la mano y le dije: “¡te voy matar hijo de
p.....!”. Cuando me di cuenta de que le estaba apretando la derecha, dije
¡nooooo, si se la lesiono me voy al descenso!”.
(En
base al libro Pequeñas grandes historias del básquetbol uruguayo, Ediciones B,
Jorge Señorans)
Un grande. Nos regaló una jerarquía incuestionable. Un ídolo de todos más allá de camisetas, en este milagro que es el básquetbol uruguayo. Gracias Fefo.
ResponderEliminarMuy buena nota.Real y que merece ser contada miles de veces.
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