Había perdido la vista, no hablaba ni podía caminar, y peleó por su vida en el CTI: la crónica de superación del basquetbolista Diego Tortajada
Acostado en la camilla tomó la mano de su acompañante. Había perdido la visión. No tenía tacto. Las piernas no le respondían. Su vida se apagaba. “Por favor no me dejes solo…”, atinó a decirle a Leandro arriba de la ambulancia.
El
viaje de Mercedes a Montevideo fue eterno. Cuando llegaron al Casmu se produjo
el encuentro con su hermano Gustavo. Se abrazaron. Se quebraron. Se largó a
llorar. Y todo se precipitó. Pasó de jugar una final de básquetbol a pelear por
su vida en un CTI.
El
diagnóstico: síndrome de Guillain-Barré. Una enfermedad neurológica que
se caracteriza porque los nervios no pueden enviar las señales de forma eficaz.
¿Las sensaciones? Horribles. Se pierde el tacto, la visión, incapacidad, porque
paraliza progresivamente varios músculos del cuerpo y hasta puede causar
problemas en la respiración.
Diego
Tortajada, basquetbolista, 26 años, pasaba en un abrir y cerrar de ojos a jugar
el partido más importante. El de su vida.
Los primeros síntomas
Todo
comenzó en el mes de marzo de 2020. Diego Tortajada defendía a Remeros de
Mercedes. El equipo entraba en etapa de definición.
Cierto
día el jugador comió pescado que derivó en una intoxicación. Una mañana, Diego
despertó mal. A la noche jugaban. Por nada del mundo se quería perder el
partido. Llamó al directivo Jorge Pablo Cornelli, conocido como Coke, y le
pidió para ir a ver a su madre que es doctora. Le sugirieron no jugar. Pero
Diego era un toro. No lo paraban. El equipo llegó a la final contra Anastasia.
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Tortajada con el profe Sosa y Hernán Pita |
“Yo
ya me venía sintiendo mal. De cara a la tercera final no me sentí nada bien,
perdimos. Esto fue un miércoles y empecé a caer y perder la sensibilidad en las
extremidades. Me era indiferente tocar un papel que un metal, no tenía
sensibilidad en las manos y tenía mareos cuando me paraba”, expresó Diego
Tortajada a Que la cuenten como quieran.
La
noche del jueves 12 de marzo se durmió en el alojamiento que le daba el club.
Pero en un momento despertó. Se levantó y se percató de que no se sostenía en
pie. No entendía qué le pasaba. Atinó a ir al baño tocando las paredes de un
lado al otro. Y llamó al profesor Cristian Sosa. “Yo quería estar con alguien
porque no entendía lo que me pasaba”, reveló Diego.
“Al
tercer partido de las finales termina muerto, pero muerto literal. Esa noche va
a mi casa a ver a mi madre que es anestesista. Lo medica y se va al Remeros. A
la noche voy al club y estaba en el cuarto en las últimas. Llamé a mamá preocupado
y me dijo llévatelo”, reveló Jorge Cornelli a Que la cuenten como quieran, sobre los primeros síntomas de Diego.
Coke
lo llevó a su casa. Cuando lo bajó de la camioneta, Diego se desplomó y se pegó
contra un árbol. “Los ojos le quedaban para arriba. Ahí me asusté… Ya no era
normal aquello”, agregó Jorge Cornelli.
Como
no evolucionaba, sobre la hora 21 decidieron con su padre llevarlo al sanatorio
CAMS. Regresaron en las primeras horas de la madrugada. El papá de Coke le
preparó un churrasco con arroz. Diego cenó y se acostó. Dos horas después lo
cargaron en la camioneta y se lo llevaron nuevamente al hospital. Se le
practicó una tomografía y le fue diagnosticado el problema neurológico.
De
inmediato llamaron a Gustavo, su hermano, que es cardiólogo. Hablaron
brevemente. La voz gangosa de Diego despertó curiosidad en su hermano. “Ya se
me estaban paralizando los músculos del habla”, reconoció el basquetbolista.
Ante esta situación Gustavo Tortajada coordinó el traslado de una ambulancia del Casmu para bajar a su hermano a la capital.
Cuando
la ambulancia llegó al CAMS el médico le preguntó a Tortajada si podía respirar
con normalidad. “Justo había estallado la pandemia de coronavirus y el doctor
me dijo que era mejor no entubarme”, recordó Diego.
A
todo esto, Leandro Hernández, integrante de la sub comisión de básquetbol de
Remeros, viajaba de Montevideo a Mercedes cuando en medio de la ruta le sonó el
teléfono. “Lea, el Torta está internado, está mal”, le avisaron. Se fue derecho
al hospital.
“Pah,
a mí algo que me llamaba la atención era ver las dimensiones del Torta, un tipo
de dos metros de altura, un guerrero que, llorando, nos pedía que no lo
dejáramos solo. Me vine en la ambulancia con él”, rememoró Leandro Hernández en
diálogo con Que la cuenten como quieran.
Y
aportó un detalle que permanecerá imborrable en su memoria. “Me tomó la mano y
me dijo no me dejes solo”.
Punción y al CTI
Al
llegar al Casmu lo esperaba la jefa internista. Se resolvió practicar una
punción lumbar. Se le diagnosticó Guillain-Barré y pasó directo al CTI. Al otro
día lo entubaron y entró en coma.
“Cuando
lo vi en el CTI me arruinó, verlo en coma y entubado fue un sensación horrible.
Ver que su vida dependía de una máquina fue mortal… Pensé que no iba a volver a
hablar con Diego. Pedí mucho por él”, comenzó diciendo Nacho Gago, su amigo que
lo acompañó siempre mientras estuvo internado, a Que la cuenten como quieran.
De
aquel ingrato momento Diego Tortajada tiene vagos recuerdos.
“Pequeñas
imágenes, como flashes. Tal vez por la morfina que me daban para aliviar el
dolor. Sentía agobio. Situaciones de alucinar”, comentó.
En
la charla recordó un día que despertó exaltado. “De pronto porque en un CTI los
movimientos son bruscos, si un paciente se descompensa corren todos. Y me pasó
de despertar exaltado. Pero ni siquiera veía, lo único que hacía era escuchar,
que fue el único sentido que no perdí. Hablar no podía. ¿Moverme? Ni un dedo”.
Diego
comentó que dentro del CTI se pierde la noción del tiempo. Recordó que había
una rendija que daba al exterior por la que divisaba si era de noche o de día.
Para colmo de males su situación coincidió con el estallido de la pandemia por
Covid-19.
Pero
una noche su situación empeoró. El panorama se puso sombrío. “En un momento
estaba comprometido. El parte que le dieron a mi hermano fue que si pasaba las
48 horas podía estar bien. Pero que había pocas chances”, contó Tortajada.
En
momentos como esos, Diego resaltó la calidez humana del personal del Casmu. Y
no olvida un detalle que lo marcó: “recuerdo haberme dormido, luego de dos
horas que una enfermera me agarrara la mano. Por eso no me canso de
agradecer al jefe del CTI, Deicas, a la doctora Cibeles, a Brunett, y todo el personal”, comentó.
La
medicación que le aplicaron, que según reveló Tortajada fueron cinco sesiones
de inmunoglobulina, surtió efecto. Lentamente comenzó a recuperar ciertas
cosas. Se pudo sentar en el sillón. Y, aunque les parezca mentira para un joven
que era un toro físicamente, aquel simple hecho de sentarse en un sillón lo cansaba.
Salir del CTI
El 3 de abril de 2020 Diego Tortajada salió del CTI. Fue una luz de esperanza. Volver a empezar.El
pase se lo dieron el día que Diego le dijo a la doctora Cibeles, “tengo
hambre”. La facultativa le devolvió como respuesta: “Ah, mirá, dale, dale”,
pensando que el jugador le estaba jugando una broma.
Su
hermano Gustavo, que estaba en ese momento al lado, miró a la doctora y comentó:
“Ah, bueno… ya se recuperó…”. Diego comió.
Cuando
lo pasaron a piso se inició el proceso de recuperación con la ayuda del
departamento de fisioterapia.
“Volví
a aprender a caminar. Yo tenía una memoria en la cabeza pero no lo sabía
ejecutar”, recordó. Diego no olvida a todos los que lo ayudaron. Agradece a la doctora Roballo, de fisioterapia, además de Freddy y Vicky que lo acompañaron
en el gimnasio.
Su
amigo Nacho Gago vivió todo el proceso de recuperación desde adentro, porque se
turnaba con los hermanos de Diego y su novia, para cubrir las horas en el
hospital a los efectos de que no estuviera solo.
“Cuando
lo vi apenas salió del CTI recuerdo que le costaba caminar, casi no se podía
mover, y veía poco y nada. Recuerdo que lo ayudaba a bañarse. Como no veía le
atendía el celular y le comentaba sobre los mensajes que le llegaban”, contó.
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En Tabaré donde trabaja con los niños |
Para
Nacho tampoco resultó sencillo aquel proceso. En plena pandemia de Covid-19,
tenía que seguir al pie de la letra todos los protocolos sanitarios para ir a
cuidarlo. La túnica y el tapabocas eran obligatorios para estar en la sala.
A
fines de junio Diego recuperó la vista. Ahí cobró un nuevo impulso.
“A
pesar de no ver, me tenían que frenar un poco. Nacho, el amigo que se quedaba
conmigo, me decía más despacio loco, más despacio. Es que yo me quería bañar
solo. Me levantaba e iba. Yo sentí que bañarme solo era mejorar”, admitió
Tortajada.
La
recuperación fue increíble. Ni los médicos que siguieron el proceso daban
crédito.
Vistos
los progresos y debido a los peligros que generaba el coronavirus, los médicos
decidieron que lo mejorar para Diego era que estuviera en su casa. Fue dado de
alta.
El
día que lo fueron a buscar brindó otra muestra de orgullo y amor propio. Los enfermeros aparecieron con una silla de
ruedas. “De ninguna manera”, dijo Diego plantado. “Yo me voy caminando de acá”.
Y arrancó. De a tramos, porque se cansaba. “Pero lo hice. Así soy”.
Las
emociones se fueron multiplicando. “Un día Nacho me dijo que tenía algo para
mostrarme. Y me mostró una foto que me sacó cuando estaba todo entubado en el
CTI. Es impactante”, contó Tortajada.
Una
noche de agosto de 2020 Diego volvía a entrar a una cancha para defender a
Tabaré.
Cristian
Mazzuchi, uno de sus compañeros de Remeros, no podía creer cuando le dieron la
noticia de que el Torta volvía a jugar.
“Nosotros
lo veíamos por vídeo llamadas, estaba en silla de ruedas, los médicos lo
ayudaban a ir al baño porque no podía ir solo. Había adelgazado como 15 kilos.
Y verlo en la cancha fue como, pah, no puedo creer la fuerza de este loco”.
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Diego con su novia |
Aquella
noche, minutos antes de entrar a jugar por Tabaré, mientras se vestía, su mente
recorrió el pasado. Sus pensamientos fueron revelados a los más íntimos.
Tortajada tomó el teléfono y le mandó un audio a Leandro.
“Lea
querido, antes del partido me senté a pensar un poquito en el banco y si hay
alguien a quienes tengo que estar agradecido porque estoy parado en una cancha
de básquetbol es a vos, al Coke y al profe que me dieron esa asistencia inicial
y luego es un todo. Así que muchas gracias. Estoy acá y la puedo contar”.
Del
otro lado del teléfono a Leandro Hernández se le hizo un nudo en la garganta.
Imaginariamente debe haber cerrado su puño para apretar el rosario que su madre
le había dado para Diego antes de subir a la ambulancia que lo trasladó de Mercedes a
Montevideo.
“Mi
vieja me armó la valija y me la arrimó al sanatorio. Entre los nervios me puso
en la mano un rosario para que acompañara a Diego. Yo en el apuro me lo metí en
el bolsillo. Llegamos a Montevideo y al ver la emoción de Diego al abrazarse
con su hermano me olvidé. Cuando me entré a bañar en casa me di cuenta que
tenía el rosario y lo dejé para llevárselo al Torta al otro día. Así fue como llegué
al sanatorio con el rosario de mi vieja. Pero no me dejaron entrar. A Diego se
lo habían llevado al CTI. Me quedó guardado. Y es una de las cosas que tengo
pendiente en la vida: darle el rosario de mi vieja”.
Tremenda historia!! Conozco al jugador por que como hombre que disfruta de este maravilloso deporte, sencillamente lo conozco, se quien es. No tenía idea de semejante vivencia. Una vez más queda claro que uno juega como realmente es!! Se juega como se vive!! Tremenda cabeza!! Y realzar el valor de la AMISTAD VERDADERA! Siemore el amor nos salva!
ResponderEliminarSi Diego Tortajada...el Torta para todo el Club Bohemios....lo conozco de su niñez un jugador muy bueno, y una excelente persona....mi hijo Pablo fue su entrenador en todos sus pasos por las Formativas...Excelente anécdota.Que la vienen cómo quieran
ResponderEliminarMe emociono esta historia, que vivencia tan fuerte. Me alegra tanto la recuperación de este chico. Sin duda, no era el día, ni el momento. Larga vida Diego!
ResponderEliminarUn gran deportista muy querido por toda la gente de Tabaré.
ResponderEliminarTremendo jugados mejor persona.
Excelente historia relatada con gran profesionalismo y sentimiento.
ResponderEliminarCómo siempre,espectacular y muchas gracias!
La escuché hoy en "Derechos exclusivos" y me impactó!!!! Gran relato y una historia de vida imborrable!!!!
ResponderEliminarPor suerte ahora una anécdota. Un abrazo eterno querido. De tu hermano Gustavo
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