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Zapatillas rotas y ropa sucia. El menor de un hogar de gente pobre. En Colón le ofrecieron un reloj pero se fue a Racing por el valor de la palabra. El día que lo fueron a vender casi se agarra a trompadas. Era Cascarilla. El adiós a Julio César Morales, un jugador que fue ídolo en Nacional y Pelé en Austria. Se fue Julio César Morales. Vaya paradoja, en la cancha parecía interminable con aquella camiseta de Nacional con el cuellito en tres colores y el escudo en el corazón. Fue un hombre humilde. Silencioso. Alejado de las luces. Cascarilla nació y se crió en Brazo Oriental, “en una familia de gente pobre, con necesidades”, como él mismo dijo. Era el menor de siete hermanos, dos de los cuales - Walter y Ruben Ángel- llegaron a jugar en Divisiones Formativas de Nacional y en Rampla Juniors. Su apodo nació justamente por ser el hermano de los “cascarillas”. Para que tengan una idea de los cascarrabias que eran, en la escuela “Estado de Israel” jugaban al fútbol en el recreo y como...
Fue declarado antipatriota. Recibió las dos sanciones más insólitas de la historia del básquetbol uruguayo. Fue impedido de defender a la selección por 99 años. Y lo penaron por 18 meses a nivel local. Wilfredo Fefo Ruiz, el goleador inigualable, y dos historias increíbles que lo marcaron. La primera de las historias ocurrió en 1985. Wilfredo Ruiz, único jugador en la historia en anotar 84 puntos en un partido, había emigrado a Bahía Blanca donde rápidamente se convirtió en ídolo. “Jugué la primera liga que fue descomunal en un equipo sin pretensiones y salimos terceros porque nos mataron en la semifinal contra Ferro”, rememoró Fefo a Que la cuenten como quieran . Ruiz inició la segunda temporada en la vecina orilla y al poco tiempo fue citado por la selección uruguaya que iniciaba una preparación para el Mundial de 1986. Fefo pidió permiso en el club para venir a entrenar dos meses con la selección y los dirigentes le dijeron: “¿Y el sueldo quién lo paga?”. “Yo estaba casado, ...
“Dame la mano que me muero”, le dijo a la señora que lo asistió. Su acompañante falleció al instante. Lo internaron y cuando los médicos le dijeron que debían amputarle la pierna pidió morir. Hasta que entendió que lo importante es la vida y no un miembro. Foto Aníbal Nario A partir de ahí, Luciano Varela se levantó a pelear. Se transformó en una fiera competitiva. Para que tengan una idea: defiende a Uruguay en fútbol, básquetbol y tenis. Todo comenzó un día de marzo de 2018 cuando Luciano fue en su moto a la casa de un amigo. Allí, un conocido de su amigo, le pidió si lo llevaba a dar una vuelta en la moto. Eran las 11 de la noche cuando se calzaron los cascos y salieron. Circulaban por Avenida Centenario cuando un auto los encerró. El acompañante se asustó y se tiró del rodado por lo que Luciano perdió el control y voló por el aire. La caída fue durísima. Enseguida apareció una señora para asistir a los heridos. A Luciano le costaba respirar. No sabía que tenía las costillas fra...
La caída del sol en el Nasazzi. El aroma del habano del viejo. La foto con Chiquito Vismara siempre al lado. La vuelta olímpica con su señora embarazada. El orgullo de la estrella en la camiseta. Llorar al hablar del cuadro. El Pocho Navarro es Bella Vista en estado puro. Su única camiseta en Uruguay. Su historia con el club comenzó de manera curiosa. Jugaba en la Quinta de Peñarol cuando en un amistoso contra los papales les marcó dos goles. El Pocho quedaba libre a fin de año, por lo que su padre no dudó en apersonarse al otro día en Acodike, la empresa donde trabajaba el técnico de las formativas papales, Sergio Markarian. Don Navarro le dijo al DT que su hijo quería jugar en Bella Vista. Sergio no dudó un instante y brindó su inmediata aprobación. Fue de ese modo que Rubens Pocho Navarro empezó a escribir con los papales una historia a pura emoción. “Lo que siento por Bella Vista no lo puedo describir con palabras. Recuerdo que cuando estaba en el exterior llamaba al period...
Argentina de nacimiento, uruguaya de corazón. Cuando un chico de 14 años había dejado el deporte por no tener patines y se acercó a ella por ayuda, no dudó en llevarlo a vivir a su casa. Lo adoptó como un hijo. Dos años después el chico se fue. Fue un desprendimiento doloroso. Como perder un pedacito de su alma. Lloró pero lo entendió.   En los rincones perdidos de Colonia dedica su vida a enseñar patín. Pero Adriana Oviedo es más que una entrenadora. Asumió un rol de madre, aloja chicos en su casa, y se llega a emocionar cuando los recibe al pie de un ómnibus desde distintos puntos del país. Llegó a tener 10 chiquilines durmiendo en el piso del living hasta que su suegro le donó un lugar que denominó La Casa Celeste. Adriana dedicó su vida al patín. Hija de una jueza internacional, pasó la mayor parte de sus años en el ambiente. Después de recibirse de maestra y tener su primer hijo, tomó la elección de vida de venirse a Uruguay. “En Buenos Aires me tocó sufrir episodios...
Jugaba de lentes. Parecía un motociclista. Hijo de polacos, nació en el Chaco, pero se enamoró de una uruguaya y se vino a Montevideo. Fue campeón con Argentina y defendió a Uruguay en los Juegos Olímpicos. Adolfo Lubnicki, un caso único, de un tipo carismástico, que terminó peleando por la celeste. Foto gentileza Fabián Was Adolfo Lubnicki es dueño de una historia sumamente particular. Un caso excepcional y poco frecuente en el mundo del básquetbol: defendió a la Selección de Argentina y a la de Uruguay. Los eternos rivales del Río de la Plata. Y fue olímpico con los dos países. Originario de Charata, Chaco, Lubnicki era de los gauchos judíos. Sus padres eran polacos que se fueron al interior de Argentina escapando de la guerra. Y en medio de la nada nació Adolfo un 25 de julio de 1933. Era un flaco lungo de 1,94 metros que en aquella época llamaba la atención. Cuando se fue a vivir con su familia a Buenos Aires lo tentaron enseguida para jugar al básquetbol. Lo ficharon en el...