Ir al contenido principal

Entradas

Donó sangre la mañana previa a un partido para un colega paraguayo. Rechazó un cheque en blanco de la NBA. Y se escondió en una casa para evitar pedir pase para Peñarol y no traicionar a Stockolmo. Adesio Lombardo, el goleador olímpico. El flaco, un bohemio. Foto: Twitter Stockolmo El Flaco era distinto. Le encantaba andar a caballo. Para definir su humildad basta saber que se disfrazaba de gaucho para pasar desapercibido. Adesio fue el primer goleador uruguayo pero era un hombre humilde, sencillo y solidario. La prueba más contundente de su espíritu la vivió su hijo, Carlos, cuando viajó a jugar un campeonato a Asunción. El equipo que defendía el hijo del goleador tuvo fecha libre por lo que la mayoría del plantel aprovechó para armar un paseo a las Cataratas. Sin embargo, Lombardo, Zanandrea y Turcatti, optaron por no ir. En aquellos tiempos era complicado importar pelotas por lo que decidieron aprovechar el día para salir a buscar buenos precios y traer balones para el club. ...
  Conoció el dolor a un grado que no se lo desea a nadie. La morfina no le hacía efecto. Fue sometido a 40 intervenciones. Su mamá imploró para que no le amputaran la pierna. Fue inevitable. Le costó aceptarse. Hoy juega en Plaza Colonia de amputados y tiene el sueño de jugar los Paralímpicos. El 5 de diciembre de 2010 Cristian Butin se subió a la moto y partió rumbo al tambo donde trabajaba. Iba mal dormido. A la altura del kilómetro 190 de la ruta 21 el cansancio le pasó factura. Fue un instante. La moto se fue de la ruta. Con el codo tocó un cartel y cuando reaccionó pretendió salvar la situación. Intuitivamente atinó a mover la rodilla derecha que impactó contra un pilar del Puente San Pedro. Voló por el aire. Como estaba consciente atinó a llamar a su padre Miguel Ángel. “En el momento no percibí la gravedad del accidente. Para que tengan una idea cuando llegó mi viejo le pedí que llamara al trabajo para avisar que me iba tomar el día libre”, recordó Cristian. Pero el su...
Milton había salido de la cana. Producto de los golpes le habían fracturado un codo. Pero, después de 10 años como preso político, tenía un deseo: volver a ponerse la camiseta de Tabaré.  Una noche de 1982 el capitán Larralde le cedió la pelota y le dijo: “Tomá Flaco, el capitán sos vos”.  Y entró encabezando la fila. Aquella noche quedó grabada en la historia de Tabaré. Nadie olvida cuando Eve Acosta llamó a Milton Freire y lo mandó a jugar.  La cancha se vino abajo. La década del 60 fue inolvidable para Tabaré. Formó un equipo con el Cabeza Márquez, Julio Gómez y Washington Poyet como abanderados. El Indio ganó los Federales de 1960, 1961, 1962, 1964 y 1968. Tabaré fue amo y señor del básquetbol uruguayo hasta que los monstruos se retiraron. Sin embargo, en el club había una lucecita encendida: Milton Freire. Un jugador formado bajo el ala de aquellos veteranos. El Flaco, o Carita como le decían algunos, compartía su actividad deportiva con su trabajo en el Sindic...
Me dolió Quique. Recordé tus consejos. El whisky compartido en algún viaje. Aquel llamado, indignado, cuando me echaron del diario. Tus audios mateando con Zitarrosa. Las fotos de las verduras al horno. Pucha Quique… Esta semana no me sonó el teléfono. No me mandaste ningún audio comentando del mundillo del fútbol. Fue silencio. Cuesta asumirlo. No me voy a atribuir nada que no me corresponda. No tuve la fortuna de trabajar contigo. Pero desde que te retiraste generamos un ida y vuelta. Dudé en escribir Quique. Por respeto. Por aquellos que tienen muchas más cosas que contar que yo. Pero consideré injusto no expresarme sobre tu don de gente. Por eso me animé. Es mi humilde pero sincero homenaje. Como olvidar las dos semanas en la calle Los Claveles, en aquella enorme casa de don Guillermo Del Piélago donde vivimos la Copa América de 2004. El viaje a Piura en un ómnibus que alquiló tu inseparable compañero Alberto Kesman y que se quedó en medio del desierto de Sechura. Allá bajamo...
Lío en Defensor. El Charro no quería concentrar. Hugo Bagnulo no lo quería poner, pero a pedido de los dirigentes accedió. Llegó al mediodía, luego de una noche de farra, y fue derecho al Estadio. Esa tarde fue sensacional. José Manuel Moreno, un privilegio de la historia de la viola. Foto Twitter AFA   El rey de la garufa. Vivía en Bulevar y Rivera y de noche se iba al cabaret y a los clubes de milonga a entrenar. Solía decir que no había mejor entrenamiento que bailar. Para definir a aquel porteño que vino a jugar a Defensor bastaría con decir que fue Maradona antes que Maradona y que Walter Gómez lo consideró mejor que Pelé. Corría el año 1952 cuando José Manuel Moreno llegó a la viola. El hombre venía precedido de tremendos antecedentes. Campeón de América con Argentina, y con más de 20 títulos en su carrera, había sido integrante de la conocida Máquina de River Plate, una ofensiva conformada por Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix...
En un partido contra Aguada tomó la pelota y le pegó una patada rumbo al techo. En Sucre agarró el micrófono de audio del estadio y dijo que los estaban robando. Y en un viaje hizo bajar a los jugadores a empujar el ómnibus. Víctor Hugo Berardi, un DT de la vieja guardia. Un personaje único. Cancha de Larre Borges. De un lado diez de Biguá, del otro dos mil de Aguada. Partido tanto a tanto. La hinchada aguatera era una locura empujando a su equipo a la victoria. De pronto, Horacio Perdomo, el base de aquel equipo de Biguá de 1992 que ganó todo, se puso a discutir con los árbitros. La gente de Aguada fue en malón detrás de la Mesa de control para protestar y presionar para que le cobraran técnico al Gato Perdomo. El clima del partido se enrareció. Y apareció en escena el técnico de Biguá. El inefable Víctor Hugo Berardi. A la distancia, el preparador físico del equipo de Villa Biarritz, Gonzalo Barreiro, miraba la escena con cara de preocupación. No era para menos. Hacía sus primeras ...