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Scricky, el técnico de Wynants que fue echado por saludar a Fidel Castro


Foto: Derechos Exclusivos Radio Uruguay



Los de guayabera naranja se pararon en la platea. El Hugo, que andaba por la pista, salió corriendo rumbo a la boca del túnel. Aquella era la señal que le habían dado. El hombre aparecería por ahí...

Hugo Scricky se sacó la transpiración de la frente, se pasó la mano por el pantalón y esperó el momento: Fidel Castro pasaría a su lado.

La historia del encuentro del entrenador del ciclista Milton Wynants, ganador de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 2000, con Fidel es memorable y digna de contar.

Año 1991. Previa de los Juegos Panamericanos de La Habana, Cuba. El invierno golpeaba duro en Uruguay y era imposible entrenar. Entonces el técnico de la selección de ciclismo, Hugo Scricky, apeló a sus conocidos para prepararse en el exterior. Se fueron a Venezuela. Allí se enfrentaron con equipos locales, argentinos, chilenos, colombianos y a último momento apareció un equipo cubano.
Competían todos los días en lugares distintos lo que aseguraba una aclimatación adecuada.

Fue allí donde Scricky conoció a un hombre de barba, que estaba con la delegación cubana, que tenía la particularidad que lo único que hacía era contar chistes. Al terminar la competencia el cubano se fue a despedir de los uruguayos. “Bueno, mi hermano, nos vemos en Cuba”, les dijo.

Un día Hugo estaba con sus muchachos entrenando en el Velódromo de La Habana y aparece el cubano. Luego de los saludos de rigor a Scricky se lo dio por mirar la acreditación del hombre. “Decía Biólogo Marino. ¡Yo no podía creer! Y le digo: ‘Mire yo traje un montón de cartas de muchachos que tienen problemas en la vista. ¿Qué se puede hacer?’, contó con su particular estilo Scricky en el programa Derechos Exclusivos de Radio Uruguay.

“No hay problema mi hermano, mañana te paso a buscar bien temprano por la Villa (Olímpica) y llevamos esas cartas”, respondió el cubano.
Y así ocurrió. Al otro día le presentaron al jefe de una clínica quien pidió unos días para estudiar los casos. En el encuentro, Scricky disparó: “Che, me dijeron que el Caballo (apodo de Fidel Castro) está viniendo todos los días a un evento”.

“Sí, el jueves va al Velódromo”, respondió el hombre.

“¿Y cómo sé yo si llega, cómo me entero?”, preguntó el entrenador de Milton Wynants.

“Van a haber unos con una guayabera naranja, bueno, cuando esos se paren, vas a ver qué va a salir (Fidel) por el túnel”.

Scricky se retiró y posteriormente comentó los detalles de aquella charla con Ildefonso Soler.
Aquel jueves de 1991 Hugo Scricky se fue al Velódromo. No podía faltar a la cita. Jamás había estado tan cerca de cumplir el sueño de conocer a Fidel Castro.
El Hugo andaba por la pista cuando de pronto percibió la señal. Los hombres de guayabera naranja se pusieron de pie en la platea del Velódromo Reinaldo Paseiro Rodriguez. Scricky salió corriendo.

“Me acomodé en la puerta del túnel… Y apareció el hombre caminando, enorme, la barba ya no era tan tupida”.
En ese momento Hugo apeló a lo primero que le salió: “¡Viva Uruguay!”, gritó. Fidel detuvo la marcha. Miró y fue al encuentro de Scricky. “Vino a saludar y sacaron fotos y todo”, narró el entrenador en la jugosa charla con Derechos Exclusivos.

¡Monta la bici Fidel!

Foto: EcuRed.cu

Pero mire lo que es el destino. Aquel jueves de 1991 el equipo argentino corría la final de persecución individual ante Chile. La mayoría de aquellos ciclistas del vecino país corrían por el Amanecer, el club de Scricky. Argentina ganó la prueba. La premiación la realizaba el presidente de Cuba.

Fidel bajó a entregar las medallas y la gente empezó a gritar: “¡Monta la bici Fidel! ¡Monta la bici Fidel!”.
Castro tomó la bicicleta de Erminio Suárez y le pasó la pierna por arriba. El estadio se venía abajo. “Y Erminio en ese momento lo miró a Marito Mancuso, que era el mecánico, y le dijo: ‘Mario, que esta bici no la toque nadie. Se subió Fidel’.

Echan a Scricky

Culminados los Panamericanos de La Habana, la delegación emprendía el regreso a Urguay. En pleno vuelo, la exnadadora y conductora del informativo de Canal 12, Laura Daners, le brindó la noticia a Scricky que iba a ser despedido.
“La historia terminó como tenía que terminar, me iban a echar, no había otra. Y le dije a Daners, que problema voy a tener, me voy a mi casa a laburar si yo no vivo de esto”, contó Scricky.

Hugo se fue para su casa de la Unión. La vida le dio revancha. En los Juegos Olímpicos de 2000 compartió la felicidad de la medalla de plata conseguida por Milton Wynants siendo su entrenador.

Con Wynants las vivieron todas… Dos años después de ser medallista olímpico, Milton viajó a la Copa del Mundo de Dinamarca, y terminó lavando platos junto a su técnico en el restaurante de un uruguayo.

Allí les habían dicho que el ómnibus 250 era gratis y se lo tomaban siempre para ir a entrenar. El tema es que no se podía subir con bultos. ¿Qué hacían? Mientras Hugo le daba charla al chofer, Wynants pasaba por atrás con las cajas.

¡Me voy!

Años después Scricky se alejó del deporte que ama. Fue después de un incidente que vivió en Colonia.
“Fue en la Vuelta Ciclista. Yo ya me sentía estafado por la deuda que tenía el club conmigo y aquella noche se mandaron otro error. Decidieron estafar a la dueña del hotel donde estábamos y a las cuatro de la mañana me vine, caminé bajo agua como dos horas en Colonia, me tomé un bus y dije se terminó. Largué todo. Ni me despedí de los ciclistas. Una falta de respeto total. Una señora que brindaba hasta la casa, lavaba la ropa de los ciclistas, te daba la cocina. Y… el Casino tira a algunos más que a otros, y ahí se fue el dinero. Ni lo pensé, agarré un bolso, dejé dos, y me tomé un ómnibus”, expresó el entrenador.

Se subió al carro de chorizos que tenía en la Unión. Cierta vez estaba con su señora. “No había nadie en 8 de Octubre, parecía Sarajevo aquello, y un señor que iba con dos niños se arrimó y pidió un pancho. Y me pidió que se lo cortara en tres. Ahí dije no trabajo más…”.

¡Cuánto tiempo, cuánta historia! A pesar de todo lo vivido Hugo no olvida aquel encuentro con Fidel Castro que le terminó costando el trabajo. “No me arrepiento, lo volvería a hacer”.

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