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Un partido marcado por la dictadura. Año 1973. El país en llamas. El golpe de Estado había provocado una huelga general y a los pocos días la selección se jugaba la clasificación al Mundial contra Colombia. Aquella noche la CNT pretendió dejar el Centenario a oscuras. Foto AUF (Revista Estadio) Los vecinos del Cerro se acercaron al capitán Luis Ubiña para pedirle apoyo a la huelga. Algunos pretendieron que Uruguay no se presentara. El tema se discutió hasta la madrugada en el plantel. Una historia que marcó a una selección uruguaya que fue disuelta y cambió de entrenador. De cara al Mundial de Alemania 1974, a la selección uruguaya le tocó dirimir su clasificación contra Ecuador y Colombia. El calendario marcaba que la celeste debía jugar primero en el exterior y luego definiría la serie en casa. El 24 de junio de 1973 el equipo que conducía técnicamente Hugo Bagnulo igualó 0 a 0 con Colombia en El Campín de Bogotá. El equipo celeste jugó con Héctor Santos, Walter Indio Olivera...
Una noche salió a buscar plata fácil. Estuvo tres meses escondido. No dormía ni comía. En febrero de 2009 lo agarraron. Fue juzgado y enviado a La Lata, el peor sector del Penal de Libertad.  Pasó por el Comcar, Rivera y Las Rosas donde recibió 14 puñaladas. Perdió una pierna.  Su vida cambió para siempre. La peleó. Salió a trabajar, constituyó una familia y el fútbol fue una vía de escape. Fundó Progreso y se transformó en pilar de la selección uruguaya de fútbol para amputados. Una historia conmovedora.   Pablo García caminó por las calles de Nuevo París. Como todo niño abrazó el sueño de ser futbolista. Corrió detrás de la pelota en el Lanza México y el Universal. Y como no podía ser de otra manera jugó en el cuadro del barrio: Liverpool. Al poco tiempo comenzó a peregrinar por el fútbol. Pasó por Alianza Montevideo, Progreso, donde conoció a Eduardo Gómez, un técnico que lo marcó y lo terminó llevando a Cerrito. Allí jugaba en Cuarta y Tercera división. El sueño...
Cuando llegó a Peñarol le mandó una carta a la vieja para contarle que Onega le había pedido un jabón. Menotti lo llevó al Barcelona de Maradona. Ídolo en Ferro y Vélez donde, en pleno partido, le hizo un homenaje a su viejo. Autor de tres goles en un clásico. El Pibe de Oro.   La sola mención del apodo alcanza para identificar a Julio César Giménez, el pibe que cuando tenía 15 años despertó el interés de Peñarol. El club movió fichas para traerlo pero el joven no bajó a la capital hasta no cumplir el mandato de su madre: que termine el liceo. Cuando tenía 16 años desembarcó en las inferiores de Peñarol donde apenas estuvo tres meses porque rápidamente debutó en Primera. No fue sencilla la tarea de la adaptación. Julio era muy pegado a su mamá y lo mandaron a vivir a una pensión en Ejido y Durazno con jugadores de otros equipos. Y el tema “en la pensión no se comía tan bien, los equipos tenían muchos problemas económicos y repercutía en todo. En aquellos años, estoy habland...
La calle Carlos Nery. El Toto y el Esteban. El tablero de chapa y el muro en la tribuna de la palmera. Botijas jugando a la pelota en el talud. Un campeón del Mundo preso por robar gallinas y hasta querer cortar un arco del Centenario con un serrucho. Cuantas cosas Danubio… Toto y Esteban “Por la calle Carlos Nery, tiririntin chueco y loco, jardinero a sus jardines, tiririn-tintín, el Toto. El pelo cortado al rape, tiririn-tintín fulero, por Jardines del Hipódromo, va sonriendo el jardinero. Tiririn-tintín su cuadro que nació en el 32, tiririn-tintín mellizos, de Maroñas y la Unión. Danubio florece el túnel y el loco Toto sonríe, mirada de bichicome, tiririn-tintín reviveeeeee...”. Como nunca una canción resume el espíritu de un cuadro como la que Jorge Lazaroff le cantó al Toto. Es Danubio en estado puro. Una de las canciones futboleras más lindas y sentidas que pinta al barrio, el orgullo por la zona, describe la mirada de bichicome, el pelo fulero, el jardinero y el amor al ...
Zapatillas rotas y ropa sucia. El menor de un hogar de gente pobre. En Colón le ofrecieron un reloj pero se fue a Racing por el valor de la palabra. El día que lo fueron a vender casi se agarra a trompadas. Era Cascarilla. El adiós a Julio César Morales, un jugador que fue ídolo en Nacional y Pelé en Austria. Se fue Julio César Morales. Vaya paradoja, en la cancha parecía interminable con aquella camiseta de Nacional con el cuellito en tres colores y el escudo en el corazón. Fue un hombre humilde. Silencioso. Alejado de las luces. Cascarilla nació y se crió en Brazo Oriental, “en una familia de gente pobre, con necesidades”, como él mismo dijo. Era el menor de siete hermanos, dos de los cuales - Walter y Ruben Ángel- llegaron a jugar en Divisiones Formativas de Nacional y en Rampla Juniors. Su apodo nació justamente por ser el hermano de los “cascarillas”. Para que tengan una idea de los cascarrabias que eran, en la escuela “Estado de Israel” jugaban al fútbol en el recreo y como...
Fue declarado antipatriota. Recibió las dos sanciones más insólitas de la historia del básquetbol uruguayo. Fue impedido de defender a la selección por 99 años. Y lo penaron por 18 meses a nivel local. Wilfredo Fefo Ruiz, el goleador inigualable, y dos historias increíbles que lo marcaron. La primera de las historias ocurrió en 1985. Wilfredo Ruiz, único jugador en la historia en anotar 84 puntos en un partido, había emigrado a Bahía Blanca donde rápidamente se convirtió en ídolo. “Jugué la primera liga que fue descomunal en un equipo sin pretensiones y salimos terceros porque nos mataron en la semifinal contra Ferro”, rememoró Fefo a Que la cuenten como quieran . Ruiz inició la segunda temporada en la vecina orilla y al poco tiempo fue citado por la selección uruguaya que iniciaba una preparación para el Mundial de 1986. Fefo pidió permiso en el club para venir a entrenar dos meses con la selección y los dirigentes le dijeron: “¿Y el sueldo quién lo paga?”. “Yo estaba casado, ...