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El Loco Montaño: el peronista que relataba sus jugadas y le gustaba tanto la rula que una noche se tiró arriba de la mesa y dijo ¡me juego! Foto CA Huracán.com Al Loco le gustaba la farra. La noche, la rula, el cabaret. Los sábados era el día… Montaño ya jugaba en Peñarol y los dirigentes conocían su fama. El elenco aurinegro concentraba en un hotel céntrico y, como no podía ser de otra manera, el Loco se escapaba. Entonces, los dirigentes, cansados de la situación, resolvieron que un integrante de la directiva se concentrara con el plantel para marcar de cerca al argentino y no saliera de farra. Pero el Loco se las ingeniaba para escapar. Un domingo, a las seis de la mañana, Montaño volvía de la garufa y al doblar la esquina vio al dirigente paradito como un soldado en la puerta del hotel. Obviamente lo estaba esperando. No había escapatoria. Pero el Loco siempre tenía una moña. Y cuando se acercó a la puerta, Montaño lo anticipó: “¿Qué dice, don? Ta lindo el día, eh. Por eso apro...
Había perdido la vista, no hablaba ni podía caminar, y peleó por su vida en el CTI: la crónica de superación del basquetbolista Diego Tortajada Acostado en la camilla tomó la mano de su acompañante. Había perdido la visión. No tenía tacto. Las piernas no le respondían. Su vida se apagaba. “Por favor no me dejes solo…”, atinó a decirle a Leandro arriba de la ambulancia. El viaje de Mercedes a Montevideo fue eterno. Cuando llegaron al Casmu se produjo el encuentro con su hermano Gustavo. Se abrazaron. Se quebraron. Se largó a llorar. Y todo se precipitó. Pasó de jugar una final de básquetbol a pelear por su vida en un CTI. El diagnóstico: síndrome de Guillain-Barré. Una enfermedad neurológica que se caracteriza porque los nervios no pueden enviar las señales de forma eficaz. ¿Las sensaciones? Horribles. Se pierde el tacto, la visión, incapacidad, porque paraliza progresivamente varios músculos del cuerpo y hasta puede causar problemas en la respiración. Diego Tortajada, basquetb...
  El penal de Cacho Silveira por el que Rampla y Sud América estuvieron 14 años peleados Parque Nelson, la vieja cancha de Rampla. Última fecha del campeonato. Partido por el descenso. Aquello era una caldera. Y de pronto, lo inesperado. En la hora: ¡penal Sud América! Cacho Silveira tomó la pelota y se la puso debajo del brazo. No entendía la rabieta de su técnico, el Mono Gambetta, que se agarraba la cabeza gritando “¡vos no, vos no!”. Pero Cacho, con el desparpajo propio del juvenil recién ascendido, la metió contra el palo. ¡Se armó un lío! Silveira desconocía que con el gol rompía un viejo pacto no escrito pero fomentado desde los años de fundación de Rampla y Sud América. En aquel partido, debido a la vieja amistad, en la mesa chica se había “acordado” un pacto de no agresión. La historia de la Institución Atlética Sud América y Rampla Juniors van de la mano. Para que tengan una idea: en una mesa del mismo bar se reunía la directiva de los buzones y separados por esca...
Villa Española: orgullo de barrio, historia de lucha y laburantes de un club donde los jugadores cantan el himno del cuadro Ivo Allende, jugador del club, pintando el escudo del cuadro en el vestuario La chimenea y el pitido de la fábrica que hacía apurar el paso rumbo a la escuela. Las pelotas de goma de cada 6 de enero. Los zapatos Incalcuer que la vieja compraba un número más grande para que duraran dos años. Cantinas y comedores. El humo y el aroma de los chorizos invadiendo cada casa de la zona. Tres mil obreros ganando la calle a la hora del almuerzo. Allá, al fondo de Corrales, en aquel barrio cubierto por las flores de mil colores, enclavada en un refugio de amistad, la cancha del Villa. El cuadro y su barrio fueron de la mano hasta que las máquinas de la modernidad se llevaron por delante el viejo Parque Sáenz devenido en Parque España. El dolor invadió. Fue un golpe al alma. Al corazón del barrio. El orgullo fue herido. Pero jamás murió. El Villa se levantó. Una mañ...
Bicho: el inédito caso del jugador que pagó para que se hiciera su pase y terminó marcando a Ginóbili, Oscar y Tato López Foto facebook Silveira (Último Cuarto Jime Montgomery) Corría el año 1999 cuando uno de los más grandes exponentes del básquetbol brasileño pedía pase para Flamengo. Su apellido: Schmidt. Su nombre eterno: Oscar. Una bestia del gol. Para que tengan idea, el primer día de diciembre de ese año embocó un libre que le significó llegar a los 43.000 puntos. Se retiró anotando 49.703 tantos lo que le significó ser miembro del Salón de la Fama de FIBA (Federación Internacional de Básquetbol). Y fue por aquellos tiempos que a Welcome le tocó medirse contra el equipo más popular de Río de Janeiro. La noche anterior la bestia de Oscar había marcado, él solo, más puntos que todo el equipo ecuatoriano al que habían vencido. El técnico de Welcome, Víctor Berardi, y su ayudante Cacho Perreta, llamaron a los mejores marcadores del equipo: Diego Losada y Luis Silveira. “Mi...