La trataban de varoncito en el recreo de la escuela. Como sus padres no tenían plata para el boleto se iba caminando a entrenar. Para poder jugar se inyecta ácido hialurónico. A Victoria Pereyra no se la cuentan, la peleó. Un canto a la rebeldía y la lucha de las mujeres.
![]() |
Foto Twitter Victoria Pereyra |
Fue dura la batalla. Pelear por su sueño generó dolores de cabeza. Ser discriminada por el hecho de ser mujer y hasta caminar 45 minutos para ir a entrenar porque en su casa no había plata para el boleto. Pero nada fue capaz de detener a Vico Pereyra.
Tenía
9 años cuando se pegó a su hermano Felipe. Lo acompañaba a la canchita del
barrio en las viviendas de Euskalerría. De aquellos tiempos le quedó el
recuerdo imborrable de treparse a un árbol para ver los partidos.
En
la escuela pretendía mezclarse en los picados pero la discriminaban por ser
mujer. “Por el hecho de hacer un deporte para varones era considerada un
varoncito. En la escuela me decían cosas, que era machita, porque andaba
siempre con los varones. Y la verdad es que gustaba más jugar a los deportes
que cambiar hojitas perfumadas en el recreo”, expresó Victoria a Que la cuenten
como quieran.
Lejos
de avergonzarse por las cosas que le decían o sentirse herida por ser radiada,
las situaciones vividas despertaron su rebeldía. Si bien es cierto que al
principio le lastimaba todo aquello que llegaba a sus oídos, se terminó
acostumbrando, y cuando los varones se daban cuenta de que jugaba, que le
podían pasar la pelota, la elegían entre las primeras.
Alguna
de sus amigas que pretendía jugar no corría la misma suerte y quedaba a un lado
llorando. Vico jugaba con la rebeldía a flor de piel, por ella y por su amiga.
Hasta
los 9 años, Victoria hacía gimnasia olímpica y natación en el club Malvín que
le quedaba cerca de su casa. Pero en 1996 se generó el quiebre. Se decidió por
un deporte colectivo y siguió los pasos de su padre Fernando y su hermano
Felipe: basquetbolista.
En Malvín femenino hizo sus primeras armas. Por aquellos años el rival a vencer era Aguada. En el equipo de la playa jugó hasta 2002 momento en el que pasó a Cordón.
Entrenar con los varones
Conforme
el paso del tiempo, un buen día se apareció la entrenadora del femenino de
Cordón, Marianela Castro, que le sugirió que, para sumar más horas de trabajo y
seguir creciendo, entrenara con los cadetes varones.
Aquel
no era un grupo cualquiera. Estaban Jayson Granger y Federico Haller, entre
otros. El entrenador era el Pato Juan Carlos Werstein.
“Las
prácticas eran increíbles. Me pasaba de todo. Al principio como que no sabían
cómo defenderme y tenían miedo de pegarme fuerte o tocarte alguna parte sin
querer y te decían ‘pah me da miedo’. Pero cuando les jugaba de igual de igual
se les iba todo. Y hacerles un gol despertaba el griterío de los otros varones,
se jodían entre ellos”, contó Victoria Pereira.
Reconoció
que con aquel grupo de cadetes de Cordón aprendió muchísimo y se enriqueció con
las enseñanzas de su entrenador.
De
aquellos años no olvida cuando iba a los partidos en el camión de su padre.
“Recorríamos todas las casas para pasar a buscar a mis compañeras y nos
sentábamos atrás. Otra cosa que recuerdo con cariño es que cuando venía algún
cuadro del interior y en casa se quedaban como cuatro o cinco jugadoras.
Dormíamos en el piso”.
Victoria
Pereyra no fue una más en Cordón. Fue goleadora y figura destacada, lo que le
valió ser galardonada con el premio Charrúa de mejor jugadora del año 2002.
Al exterior: entre sueños y temores
El
año 2008 marcó un cambio significativo en la carrera de Vico Pereyra al llegar
un ofrecimiento desde el exterior. Universidad Católica de Valparaíso fue su
nuevo destino. Tenía 18 años. La invadieron los temores.
“Ahí
se da la particularidad de que yo había viajado en 2006 a hacer una prueba y
regresé a Uruguay. Pero ahora el tema era definitivo y me cambiaba el panorama.
Yo no quería vivir sola”, contó Victoria.
De
modo que la alojaron en la casa de la familia Fuentes, su entrenador. En el
hogar de Jorge Fuentes se respiraba básquetbol. Es que la señora del coach también
era entrenadora y sus hijas jugaban en el equipo. A Vico la acomodaron en un
dormitorio y la trataron como si fuera parte de la familia.
“Como
era mi primera salida tenía temores. Mis padres fueron a visitarme una vez en ómnibus,
porque no tenía plata para pasajes de avión, y metieron un montón de horas para
llegar. Extrañaba muchísimo, es heavy la primera salida. Hablaba todos los días
con mi familia”, rememoró.
Vico
admitió que en más de una oportunidad, cuando terminó de hablar con sus padres,
se largó a llorar. Muchas veces pretendió regresar pero su familia le decía:
“es por lo que peleaste, es tu sueño”, y de ese modo se quedó en Chile.
Con
el equipo de Valparaíso lograron el primer puesto en la liga nacional. Una vez
finalizado el torneo regresó a Uruguay. Pero su cabeza estaba en el exterior.
Inyectarse para jugar
La
carrera seguía su curso. Victoria Pereyra era feliz haciendo lo que realmente
le gustaba: jugar al básquet. Sus condiciones la llevaron a la selección
uruguaya. Todo venía viento en popa hasta que en 2010 el diablo metió la cola…
Defendiendo
a la celeste en el Sudamericano se rompió los ligamentos cruzados. Fue un golpe
durísimo. La intervinieron quirúrgicamente y la recuperación demandó seis
meses.
Cumplido
ese período volvió a las canchas. Al segundo partido se fue derecho al aro a
depositar la pelota en bandeja y la maldita rodilla derecha se le trancó. Otra
vez al quirófano. Esta vez por los meniscos.
Pero
la maldición no terminó allí. Hace tres años Vico recibió un rodillazo en un
partido y se rompió el único menisco externo que tenía sano. Debió pasar por su
tercera operación.
La
situación derivó en que Victoria Pereyra, para seguir jugando al básquet, debe
inyectarse todos los años ácido hialurónico.
En
el año 2012 llegó otra propuesta del exterior. Esta vez Brasil, para defender a
Chapeco de Santa Catarina. La llevaron
una semana para hacer una prueba, regresó, armó las valijas, y se fue.
“Todas
las salidas fueron duras. Cuando me dijeron a Brasil tenía unos nervios
tremendos por el idioma, y por más que está cerca, ir a Chapecó en avión era
una tranza por las escalas, Mi familia me fue a visitar en auto”, expresó la
basquetbolista.
Por
aquellos tiempos realizó una prueba en Olympique Sevoie de la ciudad de
Albertville de Francia. Fue seleccionado pero no pudo jugar por inconvenientes
con la documentación.
Luego
de un largo peregrinar, que incluyó el club Obras Sanitarias de Argentina,
volvió a Uruguay.
Se
enroló en Goes donde, en 2017, dio el paso a otra faceta al acordar su
incorporación como entrenadora de las formativas.
Ese
mismo año se convirtió en la primera mujer en trabajar en la Federación
Uruguaya de Básquetbol como asistente técnica de selecciones femeninas.
![]() |
Pereyra entrenadora |
Posteriormente
llegó a Hebraica y luego desembarcó en Lagomar donde brindó otro paso hacia la
igualdad al convertirse en la primera mujer en ser coordinadora deportiva de
todas las formativas del club.
El
camino fue largo. Vico Pereyra la peleó contra la desigualdad, contra aquellas
personas que pretendían marginarla por ser mujer. Y se ganó un espacio. A puro
coraje y sacrificio.
“En
muchas cosas se es injusto. Se ha mejorado a través de la lucha de muchas
mujeres y hombres que ayudaron, pero estamos lejos de lo que queremos como
deportistas y más viendo a los países hermanos que están cambiando la realidad
de la mujer”, expresó con un dejo de resignación.
Vico
se siente privilegiada de poder trabajar en el básquetbol pero asume que tiene
compañeras que, después de trabajar todo el día, van a entrenar y se les exige
como a los hombres que son profesionales.
Maravillosa historia!! Muy oportuna dado el mes en curso. En lo. Personal estas historia de vida me emocionan doblemente, mientras se avanza en búsqueda de ese sueño, se van derribando muros construido desde el absurdo, naturalizado y aceptado por todos. Gracias por compartir esta historia maravillosa. Una bestia que nada la detiene!!!
ResponderEliminarFelicitaciones a los dos a Vico por luchar por su sueño y a vos por traernos estas historias
ResponderEliminarQuien más para contarla de esa manera?
ResponderEliminarUna hermosa historia, un ejemplo de vida pero creo que sobre todo una gran familia que empujó a la igualdad de género apoyando a su hija sin cuestiones semánticas, apoyandola siempre.
Gracias por compartirlo, amigo.