Maradona cara a cara: “¿Quién es el Indio Morán? Acá los hijos de p..., los delincuentes, andan con guante blanco. Vos vas de frente y vas a ser mi capitán”
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“¿Quién es el Indio Morán? Con el primero que quiero hablar es con Morán”, disparó con su característica cara desafiante. Esa que puso ante la televisión cuando en el Mundial de Italia silbaron el himno de su país. El silencio gobernó la escena. El Indio estaba ahí. Pero nadie quería apuntalar a la persona que buscaba Diego Armando Maradona. Los jugadores de Mandiyú cruzaron miradas. Aún no salían del asombro que les provocaba que el 10 fuera presentado como nuevo entrenador del cuadro de Corrientes. Increíble pero real, en su primer desafío como entrenador, Maradona desembarcó pidiendo un cara a cara con un uruguayo. Ni más ni menos que el Indio Héctor Morán. El que salió de Cerro y fue campeón de todo con Nacional.
¿Qué
había pasado? ¿Por qué el interés de Maradona de tener un mano a mano con el
uruguayo en el vestuario de Mandiyú?
Héctor
Morán venía de problema en problema en la liga argentina. Le había pegado al
referente de la hinchada de Boca de aquellos tiempos, Blas Armando Giunta. Ya
había tenido lío con Diego Cagna y Roberto Pompei. Debido a su vehemencia, la Asociación
del Fútbol Argentino (AFA) analizaba imponerle una dura sanción.
El
Indio rememoró aquella etapa. “Estuve tres años en Mandiyú y tuve problemas con
algunos jugadores de cuadros grandes. A fines de 1993, cuando tuve el incidente
con Pompei, que jugaba en Vélez, me querían suspender de oficio por un año.
Entonces hablé con el presidente del club y le dije que me iba a Montevideo hasta
que se tranquilizara todo. No era para menos, no aguantaba más la presión de la
prensa. Me miraban con lupa. Y me volví para Uruguay”, expresó Morán cuando lo
entrevisté para el libro Son cosas del fútbol (Fin de siglo 2014).
Se
avecinaban los primeros días de octubre de 1994 cuando sonó el teléfono con
insistencia en la casa de los Morán. Era el presidente de Mandiyú, Roberto Cruz,
que le avisaba a Héctor: ‘Indio volvé ya, porque arregla Maradona como técnico’,
avisaba el hombre. Morán no lo podía creer.
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La
contratación de Maradona buscaba paliar la crisis deportiva del club correntino
que estaba en plena etapa de recambio. A mediados de 1994, Eduardo Seferian traspasó
el fútbol del club a un grupo empresario liderado por el entonces diputado
menemista y titular del CEAMSE, Roberto Cruz, por una suma cercana a los 2
millones de dólares.
La
primera medida de Cruz fue destituir al director técnico Pedro González. Y la
incorporación de Maradona era un intento desesperado de Mandiyú por evitar el
descenso. Esa fue la primera misión de Diego como entrenador de un club. Asumió
el 9 de octubre de 1994, en dupla con Carlos Fren ya que el 10 no podía salir a
la cancha por no tener título habilitante.
Morán
sigue con la narración… “¡Sabés como volví a Corrientes! Aquello era una revolución.
El pueblo estaba enloquecido. Bueno, resulta que llego y nos citan para el otro
día a las 8 de la mañana. Estábamos ahí esperando y de pronto aparece un
helicóptero, desciende, y baja Maradona. Yo no lo podía creer. Quedé de cara. Enseguida
nos citó a todos al vestuario. Y ahí dice: ‘Con el primero que quiero hablar es
con Morán. ¿Quién es el Indio Morán?’. Pah, yo pensaba que me iba a matar por
el incidente con Giunta. Maradona fanático de Boca y yo lo rompí todo. Pero me
sorprendió. Me agarró y me dijo: ‘Acá los hijos de puta, los delincuentes,
andan con guante blanco. Vos vas de frente y vas a ser mi capitán’. Pahhhh,
cómo olvidar aquello. Lo cierto es que, con el respaldo que me brindó Diego, al
final me dieron solo dos partidos de sanción, me puso de capitán y terminé
jugando”, recordó el exvolante.
Héctor Morán forma parte de un selecto grupo de jugadores uruguayos que fueron dirigidos y convivieron con Diego Armando Maradona en su primera etapa como entrenador. Por aquellos tiempos el 10 estaba entero físicamente y dicen que cuando se metía en los picados era un deleite verlo en acción.
“Un
día jugábamos contra Newell’s en Corrientes. Era un partido clave por el
descenso. Perdimos 3-1. El presidente, que era un tal Cruz porque Seferían se
había alejado. Y el hombre entró recaliente al vestuario y nos empezó a
insultar mal. Nos dijo que éramos unos cagones y todo un repertorio de
aquellos. En eso entra Maradona y se armó terrible lío. ¡Sabés cómo lo sacó al
tipo! No olvido más esas cosas. Diego recién empezaba pero como técnico
defendía a muerte al jugador. Nosotros íbamos a cualquier lado y nos respetaban.
A Mandiyú no lo apoyaba nadie, iban 5.000 personas a la cancha, pero cuando
llegó el loco (Maradona), la cancha estaba llena. Yo era capitán y entraba a
los partidos lagrimeando”, rememoró Morán que por estas horas debe revivir
todos los recuerdos tras el fallecimiento de Maradona.
“Nosotros
teníamos un golero de apellido Cabrera que dominaba la pelota que era un
infierno. Y un día se le dio por desafiar a Maradona. Cabrera agarró la pelota,
empezó a hacer jueguito, pim, pam, pim, pam y hace como 150. Entonces el loco
(Maradona) le pide al Viejo Diego (su padre) que estaba ahí con nosotros, que
le tire una naranja por el piso. Se la lanza rodando y Diego la sube con el pie
y se puso a dominarla. Fue increíble. Te dominaba un papelito, un caramelo, lo
que venga. Lo mató a Cabrera con la naranja”.
Morán
no duda en decir que: “Aquellos fueron los primeros pasos de Diego como
entrenador pero a nosotros nos dejó un montón de enseñanzas. En la cancha el
que trabajaba era Carlos Fren, pero el fin de semana daba la cara Maradona.
Recuerdo que todos los miércoles era sagrado el asado que organizaba y mandaba
buscar la carne a Buenos Aires y… un vino que otro nos tomábamos. Que me haya
dirigido Maradona fue una de las cosas más grandes que me tocó vivir en el
fútbol”.
En
aquel equipo también estaba el defensa Héctor Rodríguez, hermano de Darío, que
vivió la experiencia de ser dirigido por uno de los mejores jugadores del
mundo.
“Era
un tipo espectacular. Lúcido, entero, fuera de serie. En los picados apostaba
siempre un asado. El tema es que nosotros no veíamos un mango. La primera vez
que llegó y dijo ‘jugamos por el asado’, lo paramos y le dijimos: ‘Diego, mirá
que nosotros cobramos salteado’. Nos ganó el asado y cuando terminó la
práctica, ya estaba todo pronto para almorzar. Un fenómeno”, contó el exzaguero
que fue campeón Uruguayo con Defensor y supo vestir la camiseta de la selección
uruguaya.
Saralegui tiene la camiseta del 10
En
1995, Carlos Soca recibió con sorpresa la noticia del desembarco de Maradona en
Racing de Avellaneda.
“El
primer día que nos vamos de pretemporada, el tipo se sube al ómnibus y dice:
‘Tranquilos, no están mirando televisión, ahora paso a saludarlos uno por uno’.
¡Sabés lo que era salir a la cancha recibiendo una palmada de Maradona!”, contó
Soca en octubre de 2008.
Pero
el que vivió la doble faceta de Diego fue Marcelo Saralegui. Es que el volante
lo tuvo que marcar en La Bombonera, cuando defendía a Colón y Maradona jugaba
en Boca. Y luego lo tuvo como entrenador en la Academia.
“Después
de verlo en El Gráfico levantando la Copa del Mundo en 1986 y de pronto tenerlo
en el vestuario, me resultó increíble. Diego motivaba mucho, acaparaba toda la
atención y peleaba por el jugador. Para que tengan una idea, de los
entrenamientos no te querías ir más, se metía en los picados y era
impresionante ver las cosas que hacía con la pelota”, expresó.
Saralegui
no olvida todo lo que generaba Diego. “Un día fuimos a jugar un clásico contra
Independiente y vieron que es común que todos los fotógrafos se empujen ahí en
el medio para sacar la foto del equipo formado. Bueno, aquella vez delante de
nosotros se pararon apenas cinco tipos con cámaras, la inmensa mayoría se había
ido con Maradona”.
Saralegui
conserva dos regalos de Maradona que los tiene como dos de sus principales
tesoros.
“Uno
de los hechos más curiosos que me sucedió fue que cuando se despidió hizo un
asado y nos entregó a todos los jugadores una plaqueta donde nos agradecía por
haberlo dejado compartir todo ese tiempo con nosotros. Estar con Maradona fue
una vivencia, no solo por estar al lado del número uno, sino por todo lo que
aportaba y ver todo lo que generaba. De pronto él no trabajaba en cancha pero
apoyaba mucho y vos corrías cinco veces más por la motivación que te generaba
tenerlo en el banco. Aquellas fueron sus primeras armas. Y lo otro que tengo es
que cuando volvió a jugar, luego de la sanción, lo hizo contra Colón en La
Bombonera, y me regaló la camiseta”.
El
tiempo pasó. Maradona siguió adelante con su carrera. Vivió mil vidas. ¿Criticables?
El Ruso Norberto Verea trasladó una interrogante en Derechos Exclusivos que al
menos invita a pensar: “¿Qué nos pasaría a nosotros siendo Maradona?”.
Diego
fue lo que fue. Cada uno está en su derecho de juzgarlo como quiera. Yo no
olvido un detalle: su respeto a los uruguayos. Es más, me animaría a decir que
si Maradona hubiese nacido en esta tierra sería uno de nuestros ídolos
deportivos. Reunió varias de las condiciones que nos identifican a los
uruguayos: ser bandera de los pobres, pelear contra los poderosos, enfrentar a
la FIFA, defender a morir a su país, ponerse al frente del primer sindicato mundial
de jugadores para defender a los sin voz, mostrarle al mundo su amor a la
patria cuando silbaron su himno, y atacar a los que sacaron a Luis Suárez del Mundial
de Brasil como si fuera un delincuente. ¿Su vida privada? ¿Quién soy yo para
juzgarla? Vale trasladarse la pregunta de Verea: ¿Qué nos pasaría a nosotros siendo
Maradona?
Notable Anécdota ..cómo siempre
ResponderEliminarExcelente artículo, lo felicito. Maradona el más grande por siempre.
ResponderEliminarTremenda nota Nacho, el Diego un fuera de serie...
ResponderEliminarUffff otra vez la emoción!! Es que sencillamente es inevitable contenerla al leer una nota tuya Jorge!! Gracias!!
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