El Sur también existe: Las Águilas, el cuadro de rugby surgido de una escuela donde te robaban la merienda y tiene capitanas mujeres
Piedras
Blancas. Escuela Campamento. Lugar de mala fama. Allá por la década de los 80
los botijas del barrio trataban de evitarla. Por las calles de la zona era
común el cuento de que te robaban la merienda. El estigma social estaba
instalado.
Pero
una mañana de 2010 el maestro Federico llegó a La Campamento, allá, donde
arranca la Quinta de Batlle. Las condiciones de vulnerabilidad de los gurises
redoblaron su compromiso. La tarea como maestro comunitario fue titánica. Allí
supo de familias con niños que duermen todos juntos en una pieza, que si llueve
no van a la escuela porque tienen solo un par de championes o que tienen que ir
a la feria del barrio a dar una mano para llevar el peso a la casa. Lejos de
achicarse, el maestro Federico Maritán salió a dar la pelea.
Junto
con su colega Melina González, que además es su pareja, elaboraron propuestas
socio educativas destinadas a la comunidad, contando con el respaldo de la directora María Elena Innella.
Cierto
día, se enteraron de que en la Plaza de la Aljaba, donde estaba la cancha de la
Escuelita de Manga, viejo club que supo jugar en la Divisional C, había un
profesor que enseñaba a jugar rugby. El proyecto apuntaba a las escuelistas de
iniciación deportiva. Pero el tema es que no iba nadie. Claro, se entrenaba tarde
y los padres reparaban en la seguridad de sus hijos.
Federico
y Melina fueron al Municipio F y sugirieron: “Si cambian el horario nosotros les
llenamos la plaza de niños jugando al rugby”.
Jamás
imaginaron la aventura en la que se embarcaban. Sin saberlo, estaban colocando
la piedra fundacional de Las Águilas Rugby Club, el primer equipo inclusivo de
niños y niñas de Piedras Blancas y Manga. Un cuadro de una zona vulnerable, con
escasos recursos, y con la particularidad de que sus capitanas, por una
cuestión de género, son mujeres.
¿Es posible un club de rugby en Piedras Blancas?
La
aventura se puso en marcha en 2018. Miércoles y viernes los niños de tres
escuelas (119 Campamento, 308 de Manga y 230 de Puntas de Manga) se juntaban en
un espacio público a jugar al rugby.
Claro
que las dudas invadieron. Muchos se preguntaron si funcionaría un espacio de
rugby en un barrio futbolero por excelencia. Y encima, aquella era una
propuesta mixta que apuntaba a niños y niñas jugando juntos.
Maritán,
maestro secretario y comunitario de La Campamento, conocía a los chiquitos de
toda la escolaridad. Tiene claras las carencias. La mayoría de aquellos niños y
niñas comían en el comedor de la escuela.
“En
el contexto de la escuela hay muchos gurises que están en condiciones de
vulnerabilidad social. Si llueve algunos no pueden salir de la casa. Nuestros
niños del cuadro salieron entre compañeros que viven en esas condiciones.
Muchos en el mismo cuarto, que se te llueve el rancho, y hay un solo par de
championes. No quiere decir que sea la realidad de todos”, reveló el maestro
Maritán a Que la cuenten como quieran.
Y
agregó: “hay gurises que si yo pido 50 pesos para jugar un partido no me los
traen, pero otra familia va a poder poner los 50 por ese que nos los trae y esa
es la integración que buscamos”.
Bajo
esas condiciones pusieron manos a la obra. Fue el trabajo de llevar agua, de tener
una manzana o una naranja cuando termina la práctica. Y si no hay para todos,
se parte a la mitad. Pero sobre todo, el hábito de decir a las 8 de la mañana
en Belloni y Capitán Tula para jugar y estar todos allí al pie del cañón.
Al
año siguiente cambiaron de entrenador. Alan Bertacco, vecino de la zona y exjugador
de Old Boys, se convirtió en el nuevo conductor.
El
muchacho de 27 años es un espejo en el cual se puede reflejar los botijas del
barrio. Vive en las inmediaciones de la vieja estación de trenes de Manga y
cuando terminó el liceo fue becado por Old Boys. Llegó a ser citado para el
primer equipo pero debió abandonar porque tenía que trabajar.
Fue
justamente Bertacco el que una tarde trasladó a los maestros comunitarios una
invitación para participar un fin de semana en un encuentro de rugby infantil.
“Se
podrán imaginar que para nosotros aquello era un desafío. ¡Ir a jugar al rugby
con niños de escuela!”, dijo el maestro. Federico y Melina citaron a su grupo
un domingo a las 8 de la mañana. Sin decirlo, por dentro dudaban de que los
chicos respondieran a la cita.
Pero
la sorpresa fue mayúscula cuando llegaron al lugar. ¡No faltaba nadie!
Nacen Las Águilas
Sin
imaginarlo, aquella mañana comenzaba a germinar una pequeña semilla. Ahí mismo,
antes de partir, Federico pidió un minuto de atención a los padres de los
chicos y tiró una propuesta: “si ustedes están de acuerdo formamos el equipo de
rugby de Piedras Blancas”. De las palabras se pasó a los hechos. Surgieron Las
Águilas Club de Rugby.
“El
presente club tendrá como misión principal que todos sus integrantes se
diviertan jugando a este deporte y que sus valores sean enaltecidos tanto
dentro como fuera de la cancha. Por su parte, los cuatro pilares específicos
sobre los cuales se crea esta institución son: TOLERANCIA. Respetar al otro
entendiendo que todos somos diferentes y que esto no es motivo para ser mejor o
peor. FAMILIA. Integrarnos de una manera fraternal pensando en mi compañero/a
como un hermano/a. COMPROMISO. Involucrados con las metas propuestas
grupalmente e una forma seria y respetuosa. CONVICCIÓN. Tendiendo siempre
presente que no existe dificultad u obstáculo que no pueda ser sorteado si
trabajamos en equipo, haciéndonos cargo que el techo de esta institución se lo
ponemos nosotros mismos”, dice el acta fundacional donde quedaron estampadas
las firmas de niños y niñas.
Capitanas mujeres
El
equipo tiene determinadas particularidades. En primer lugar es mixto. Pero en
Las Águilas juegan más niñas que niños. “Único caso, no existe otro”, expresó
Maritán.
Y
agregó: “Desde un principio decidimos que fuera mixto por una cuestión de
género, resulta que se dio el fenómeno de que a las niñas primero les gustó
mucho más el rugby que a los varones y en segundo lugar que entendieron mejor
el juego desde la reglas, las tácticas y la destreza y son las líderes, porque
son las capitanas. Nuestros equipos no tienen capitanes, la líder es una mujer,
una chiquilina de 15 años”.
El
equipo no juega a nivel federado porque está en fase infantiles. La más
chiquita de Las Águilas tiene 11 años y la más grande 15. “En el rugby hasta
los 13 años no hay actividad federada, no hay campeonato, lo que se hacen son
amistosos o encuentros que se les llama”, expresó Federico.
Y
en un abrir y cerrar de ojos la gurisada de Piedras Blancas y Manga pasó a
jugar contra clubes de la talla de Carrasco Polo, Old Boys, el Círculo de
Tenis.
“Estos
gurises nuestros son todos del barrio y es increíble, pero Las Águilas se
metieron en ese mundillo… Acá tenemos gurises a los que se les cae la pelota de
las manos pero no nos importa. En Las Águilas nadie se queda sin jugar. Yo
tengo chiquilines que no los puedo poner de titulares pero no me importa eso.
Si va a entrenar, se siente feliz y se divierte, juega. Yo no busco sacar un
rugbista”, expresó Maritán para dejar bien claro el objetivo del cuadro.
A
esas edades el proyecto del rugby es tan integrador que si a un equipo le
faltan jugadores, el otro tiene la obligación de prestarle de los suyos para
jugar. Otro detalle es el llamado tercer tiempo. Un espacio donde se comparte
una merienda entre los dos equipos.
En
Las Águilas pasó en alguna oportunidad de no tener siquiera un vaso de refresco
para compartir. “Nos pasó claro, pero lo que hicimos fue compartir los
bizcochos que nos quedaron de la mañana. Los partimos a la mitad y compartimos
ese bizcocho”, reveló el maestro Federico a Que
la cuenten como quieran.
Las camisetas
En
todo este viaje plagado de dificultades hubo espacio para las emociones. Cosas
que para algunos resultarían tan simples, como ver salir a su equipo a la
cancha, para Las Águilas fueron motivo de lágrimas.
Ocurrió
en 2019. El cuadro se había anotado para jugar el torneo Descalzos, un
encuentro de rugby infantil que organiza el club Champagnat. Como no tenían
camisetas, iban a jugar con unos chalecos fluor, al mejor estilo de los
cuidacoches.
El
día anterior, a Federico le sonó el celular. “Quiero que vengan por la tienda
urgente, tengo algo para vos”, le dijo del otro lado de la línea Victoria
Acuña, dueña del local de ropa de rugby Kickoff.
Lo
primero que imaginó fue que había llegado una nueva camiseta para incorporar a
su colección.
Pero
cuando entró al local quedó de cara. Jamás pensó que un grupo de veteranos
exjugadores de rugby habían donado 40 equipos verdes y negros a franjas
horizontales. Las primeras camisetas de Las Águilas.
“Y
fuimos al Descalzos. Ahí estaban los mejores. Y cayeron Las Águilas de Piedras
Blancas y Manga. Fue el día que estas gurisas estuvieron de igual a igual. Ver
entrar al cuadro con sus camisetas me emocionó”, reveló el maestro.
Otra
de las emociones que vivieron fue a fines de febrero. Federico y Melina se
habían preguntado qué hacer durante el verano. En Uruguay se jugaba el Seven de
selecciones.
El
rugby tiene otra particularidad que se llama legado. ¿Qué significa? Cada
selección tiene que hacer en ese país el legado, tiene que ir a una escuela,
liceo o cárcel a jugar al rugby. Y Las Águilas fueron elegidas.
Un
día lo llaman a Federico y le dicen: “el miércoles a las dos de la tarde la
selección de Colombia va a visitar a Las Águilas”.
“Pahhhh,
qué locura. Empecé a llamar a los chiquilines uno por uno. ‘El miércoles a las
dos hay que estar en la plaza en Manga porque tenemos una visita especial’. Era
febrero, calor, verano, vacaciones, pero a las dos cae un micro y se nos bajan
12 colombianos en Manga. No lo podíamos creer,
estuvieron dos horas jugando al rugby con los chiquilines”, contó
Maritán.
No
fue el único detalle. Las Águilas fueron alcanzapelotas en el referido torneo.
Domingo 8 de noviembre, primer viaje
Pero
la historia de sacrificio y superación de la botijada de Piedras Blancas y
Manga no termina acá. Este domingo 8 de noviembre de 2020 realizaron su primer
viaje. Fueron a Punta del Este a un encuentro organizado por el club Lobos.
Para
el maestro Maritán, “esto fue un sueño, como jugar la Copa Libertadores”. Sus
palabras tienen razón de ser. Para muchos de estos niños y niñas fue su primer
viaje. “Uno de los problemas que tenemos en el barrio es que ellos no tienen
actividades en las que se sienten parte. Casi ninguno hizo deporte, nunca
estuvo en una instancia colectiva de un proyecto, nunca tuvieron la posibilidad
de hacer un viaje como el del domingo de ir a otro departamento”, expresó.
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Las Águilas premio Fair Play en Punta del Este |
La semana previa al viaje Fiorella faltó al entrenamiento. No pudo avisar porque se
le rompió el celular. El martes 3 de noviembre el maestro Federico salió de
trabajar y se fue derecho a la casa de la niña. Golpeó la puerta y apareció la
mamá de Fiorella. Federico le entregó el permiso para que la autorizara a viajar
a Punta del Este. Sin mediar palabras, la señora se puso a llorar. “No puedo
creer que mi hija va a viajar a jugar al rugby”, alcanzó a decirle entre
lágrimas la mamá de la niña a Federico.
No necesita comentarios, hermoso
ResponderEliminarUn proyecto que trasciende la escuela y cobra vida propia. Felicitaciones .
ResponderEliminarPura emoción al leer la nota. Cuanta fuerza es capaz de desarrollar un deporte colectivo en una colectividad sin oportunidades?? Cuanto EMPODERAMIENTO es capaz de generar un proyecto pensado desde la sensibilidad y la empatia?? Que es la famosa COMPETENCIA?? Muchas veces leemos textos que nos intentan explicar desde lo conceptual estos interrogantes!! Y de repente una narración, por cierto muy bien realizada, sencillamente responde de manera contundente esas preguntas!!! Maravillosas experiencias se desarrollan en nuestro país, difundirlas nos hace sentir que entendemos por momentos de que se trata esta aventura maravillosa de vivir!!
ResponderEliminarQue Bueno, eso es VIDA DE CALIDAD. desconocía la anécdota....QUE LA CUENTEN COMO QUIERAN...FELICITACIONES AMIGAZO SEÑORANS
ResponderEliminarSimplenente así se hace vibrar almas y se hace crecer personas.
ResponderEliminarGracias es un orgullo! Fede seguí con todo que estos niños/as y cualquier otro necesita poder ver que hay caminos alternativos.
Felicitaciones por ese vuelo de las Águilas!!
Como siempre...emotivo...hace teorizar la piel...abrzos fuertes. Vikingo
ResponderEliminarEspectacular historia, cargada de emotividad y sentimiento. Promueve el luchar por las utopías y constituye un ejemplo de resiliencia. Y al ser del barrio me invade una emoción mayor.
ResponderEliminarMuchas gracias estimado!