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El trofeo del goleador de la cárcel que está en las mejores manos Ricardo La Gata García Golpes y torturas. Días sin comer. Hambre y frío. El doctor Marabotto estuvo a punto de matarlo. No vio nacer a su hija. Lo echaron del país por su militancia política. Vivió en Chile, fue adiestrado para la guerrilla en Cuba y entró camuflado a República Checa con bigote y pelo teñido. A su regreso armó una nueva familia. Pero la vida le pegó otro golpe. Su señora falleció. Quedó solo con tres niñas. Dedicó su vida a la docencia enseñando básquetbol en una escuela pública. Con el paso de los años, se enteró de la particular historia de un trofeo de goleador que le impidieron ganar en la cárcel. Un hueso que perdió a manos de Carlos Haller y que hoy está en poder de unos de los mejores jugadores de la historia del básquetbol uruguayo, Horacio Tato López. Esta no es una historia más. Esta es una historia que dejó huellas y marcas para toda la vida. Cuando Ricardo La Gata Garc...
La vaca de Rocha: la increíble historia donde se vieron envueltos la policía, Eugenio Figueredo, el Contador Damiani y terminó en TyC Foto: Rocha al día El hombre arrancó la odisea. Un balde negro en una mano y la otra sosteniendo la piola. Tres kilómetros caminando con una vaca atada por las calles del pueblo. Se podrán imaginar. ¡La gente lo miraba con cara de incredulidad! Pero allá iba el hombre… A paso firme y decidido con la vaca atrás. Al llegar a la intersección de las rutas 9 y 15 se detuvo. Fue a la estación de nafta, cargó el balde con agua, y le dio de beber a la vaca. Algo así como llenar el tanque para llegar. Retomó la marcha. El pueblo estaba en el estadio. Nadie se quería perder la histórica fiesta. El hombre llegó a la cancha, vio un portón abierto, y se mandó. Sí, ¡con la vaca atada! Los dos primeros habitantes de la tribuna que lo vieron entrar se refregaron los ojos. Esto es joda, deben haber pensado. Entonces apareció la policía. Lo detuvie...
La solidaridad de los uruguayos muertos de hambre  Uruguay. La tierra de los milagros. El pequeño país de los eternos tres millones de habitantes había sido capaz de silenciar al mundo. Una hazaña jamás igualada. Ocurrió en 1950. Brasil había armado su Mundial. Se lo arruinaron once ciudadanos vestidos de celeste. Fue la amargura más grande que recuerde la poderosa nación y la hazaña más grande de la historia del fútbol. El Uruguay de entonces, embelesado por la conquista de la celeste, aguardaba con entusiasmo la disputa del primer Mundial de básquetbol de la historia. Acá al lado. Pegadito al Río de la Plata. Lo organizaban los argentinos. Los vecinos, los eternos rivales. Se jugaría en el mítico estadio Luna Park de Buenos Aires. Y, vaya curiosidad, Uruguay era el gran favorito de la cátedra. Es que por esa época los uruguayos dominaban en el continente y habían dado muestras de su real potencial derrotando al reconocido equipo Phillips 66 de Estados Unid...